lunes, 11 de mayo de 2009

Me cago en Mariano Osorio

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

De por sí, cualquier cosa que sea clasificada como "literatura de autosuperación" o de "autoayuda" o algún nombre similar siempre me han cagado. No soporto cosas como Carlos Cuauhtémoc Sánchez o "El monje que vendió su Ferrari" o defecadas similares. Y es que la Literatura (así, con mayúscula) es un arte, no un curso de autoestima. Es decir, que no mamen.

Hace tiempo trabajaba en una fábrica de tubos de cartón al sur de la Ciudad de México. Era mensajero y no soportaba estar en la oficina. ¿Por qué? Pues porque en uno y otro espacio siempre estaba prendida la radio. A mi me encanta la radio, soy fan de Horizonte 108, Interferencia 710, Radio Educación y hasta de vez en cuando oigo Radio Felicidad. Pero no, sinceramente no tolero escuchar esa pinche cancioncita que dice que "Mariano es muy Mariano". O sea, ¿cómo wey? ¿Así como Luis es muy Luis? ¿O como Pepe es muy Pepe? Esa frasesita en esa cancioncita es una reverenda pendejada. Y las mujeres de la oficina la oían diario. (A menos que sea un algo así como decir que "Mariano es muy guadalupano" y aprovecharse del fanatismo religioso de este pueblo tan opiado.)

Me taladra la cabeza cuando hace sus reflexiones. Acá muy docto el señor, según él, claro está. Con su voz de hipnotista. Y vaya que hipnotiza a su audiencia, los aborrega. Es peor que un sacerdote tratando de llevar por "el buen camino" a sus feligreses. Y luego saca unas citas de poetas o filósofos reales, es decir, que sí son poetas y sí son filósofos, así como Pablo Neruda, y después de estas citas hace su reflexión, que no es más que encaminar el texto literario hacia la deplorable superación personal.

Lo peor de todo es que cuando iba en el Metro, supuestamente lejos de cualquier cosa que pudiera sintonizar al tal Mariano (porque ni en los micros te salvas, o es Mariano o es Toño Esquinca). Lejos de la oficina y de esa voz aborregante. Que llega un chingado vendedor del Metro diciendo: "sí mire, damita, caballero. En esta ocasión traigo hasta ustedes las reflexiones del filósofo y poeta Mariano Entuvida (como si Entuvida fuera un apellido). Disco en formato eme pe tres…" Y don't mamar, yo cagándome de risa de que este wey le dijera filósofo y poeta al Mariano ese. Y la gente comprándolo. Y un tipo a cinco asientos de mí casi llorando cuando empieza el wey con papá, no te metas en mi vida. Mierda de pueblo. Y mierda de líderes que tiene. Ah, porque dicen que es uno de los líderes de opinión más influyentes en el país. Con razón los mexicanos (en general) tienen opiniones tan pendejas.

Chale, no acostumbro a escribir tantas groserías en un mismo texto ni contra una misma persona, pero este tipo lo amerita. Y es que no puedo creer que de verdad los radioescuchas seamos (sean, yo no lo oigo) tan iletrados y tan pobres de conocimientos como para que un individuo como Mariano sea un gran líder moral. Es decir, sus reflexiones, además de estar narradas en un tono de homilía dominical, así bien paternalistas, tipo "yo soy la verdad y el camino"; contienen obviedades inmensas. Cosas que la gente, con un mínimo de lecturas en su vida, debe de conocer sin la necesidad de que alguien más se las digiera. (Sí, escribí digiera, de digerir y no de decir.) Y ahí hay otro grandísimo defecto de los fans del Mariano: les gusta la mierda. Es decir, que no los gusta leer, pensar, reflexionar y sacar conclusiones propias, sino que prefieren que alguien más coma libros, los digiera y finalmente les entregue el producto digerido, pura mierda.

Hace unos días vi la televisión. Ya no la veía desde hacía harto tiempo cuando me quedé convencido de que en las manos de Telenvicia y TV Apesta (y, a veces y aunque no nos guste se les suma el Canal Once) no es más que un instrumento de manipulación de masas. El caso es que vi un comercial donde salía el Mariano con su sonrisa más que falsa que siempre muestra en la publicidad de su programa radiofónico. Y que dicen que tiene un programa de televisión. Y que veo unos cachos del mentado programa. Y ya. Convencido de que este wey no hace más que malinfluenciar a nuestras mamás. Porque su audiencia es principalmente femenino en edad madura. La verdad, confieso que no fui capaz de ver el programa de una hora de duración, y no por falta de tiempo, sino por falta de aguante. De por sí me la hueva y el asco oírlo en la radio. En la televisión es peor. Se ve rete inexperto, con nervios. Y particularmente pienso y opino que se debió de haber quedado en su cabina de radio, sin que nadie le vea sus arrugas ni su chaparrez. Dice una amiga: "me gusta más oírlo, porque me lo imagino bien rostro y bien sabroso".

A mi parecer, este señor debió quedarse en su radio. Aunque sean 7 horas diarias 7 días a la semana. Envicia a menos gente que metiéndose y alimentando a la Caja Idiota.

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