miércoles, 4 de noviembre de 2009

Celebrando a los muertos

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

¿Que cómo me la pasé el fin de semana? De lujo.

La fiesta del Día de Muertos es una de mis fechas favoritas en el calendario. Por su significado, por su historia, porque me gusta pensar que mis muertos vienen a vernos. Y claro, no hay cómo negarlo, porque me encanta comer pan de muerto.

En alguna ocasión algún primo menor me preguntó por qué se llama pan de muerto. –Ah, pues porque a los muertos los hacen cenizas y luego esas cenizas las revuelven con la masa del pan y por eso sabe rico. Estuvo a punto de creerme a no ser por la sonrisa que se me dibujó.

Pero yo estábales contando otra cosa. El sábado fue un día equis. He de confesarles que, aunque no soy partidario de mezclar el Halloween con el Día de muertos, sí me disfrazaba de niño y pedía dulces. Aunque no llegaba con la frasesita esa de "dulce o truco", sino más bien con aquella que dice "quinto mi calavera". A veces cantábamos a coro:
con los huesos de mi abuela
voy a hacer una escalera
para subir al cielo y gritar
quinto mi calavera.
El caso es que el sábado nos lanzamos a comprar un bonito disfraz de vampiro. No para mí, sino para mi hijo de año y medio. No encontramos, bua-bua. Pero sí encontramos uno muy chulo de diablito. Y bueno, de por sí lo es, ahora disfrazado se veía muy bien.

Ya el domingo nos lanzamos a la calle. Acumulamos un buen botín de dulces. En casa de sus abuelos le explicamos (más o menos) a mi hijo la ofrenda de muertos. Las flores y las velas son para que vean el camino. El pan, la comida es lo que a nuestros muertos les gustaba degustar de vivos. Hasta les ponemos sus antojos, como el cigarro, el tequila, dulces, etcétera.

De vuelta en casa comimos pan de muerto, "kúkar" dice mi hijo, acompañado por un delicioso chocolate en agua.

El lunes fuimos al Centro de Tlalpan. Música, baile, pintura, cantos, todo en torno a la muerte. Hasta una carroza fúnebre de lujo de por los años '50s propiedad de las Funerarias J. García López. En fin, esto de celebrar a nuestros muertos y a nuestras muertas es una verdadera fiesta llena de alegría y, aunque suene raro, de vida.

¿Que por qué hasta hoy lo escribo? Porque el trabajo es primero.

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