jueves, 17 de diciembre de 2009

La buena ortografía

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Odio que la gente escriba con faltas de ortografía. Cuando me encuentro con un texto mal escrito, hasta como que me duelen los ojos, en serio. Y es más cabrón cuando el texto en cuestión ha sido procesado en un programa editor de texto. Es decir, no mamen, Word tiene corrector ortográfico, ¡úsenlo carajo!

Pero creo que no debo exaltarme tanto ni a la primera. Finalmente esto, al ser algo tan frecuente, debe tener un origen fuerte y fácil de identificar. Porque no creo que la única causa sea la estupidez de la gente. Que sí es importante y de gran peso no lo niego. Pero no debe ser la única.

Se dice que la escritura del español es fonética, que cada letra tiene sólo un sonido asignado. Así, cualquiera que conozca los valores fonéticos de cada letra del alfabeto español podrá fácilmente leer cualquier texto en nuestra lengua y escribir lo que se habla. Se dice pues, no estoy diciendo yo que eso sea cierto.

Y es que en nuestro idioma existen sonidos que se representan con más de una letra y letras que representan más de un sonido. Así por ejemplo, las sílabas ci y si se pronuncian igual, por lo menos en América. (Porque han de saber que el ceceo (como hablan los españoles) comenzó a usarse en la península ibérica en el momento de la conquista de América. Y entonces en América se siguió usando el seseo y en España se usa el ceceo).

Y volviendo a la letra c, ésta tiene un sonido suave (ce, ci) y uno fuerte (ca, co, cu). Caso similar al de la g.

Estas ambivalencias de las letras causas un gran conflicto entre los hablantes hispanos. Así, algunas veces he leído jeneral en lugar de general o gerra donde querían escribir guerra.

Tenemos en nuestro alfabeto letras diferentes que representan el mismo sonido. Las letras b y v deberían sonar diferentes. La primera debería ser labial y la segunda labiodental, pero dadas las evoluciones de nuestro idioma ambas suenan actualmente labiales. No hay distinción entre la b de burro y la v de vaca. La z y la s también deberían sonar diferente y suenan como s las dos. Entonces, siguiendo la pronunciación natural de cada letra, es entendible que haya quienes escriban bolcán en vez de volcán, o sapato cuando deberían escribir zapato.

Y problema más grande como el uso de la h no hay en nuestra lengua. Porque no suena, es muda. Supónese que debería representar una inhalación, pero nadie hace tal cosa. Por eso la gente a veces escribe acer en lugar de hacer.

Todo esto y otras cositas fueron analizadas por allá de la década de los 20 del siglo XIX. Andrés Bello y Juan García del Río propusieron simplificar la ortografía del español para hacerla fonética. Para que cada letra tuviera sólo un sonido, y cada sonido sólo una letra. Proponía realizar ciertos cambios a la hora de escribir, que se darían por etapas:

Primera etapa:
  • Sustituir por J el sonido "fuerte" de la G (jeneral, jinebra);
  • Sustituir por Z el sonido "débil" de la C (zerdo, zisma);
  • Suprimir la H muda (ombre) y la U muda de QU- (qeso);
  • Sustituir por I la Y con valor vocálico (rei, i);
  • Escribir RR siempre que se pronuncie la vibrante múltiple (rrazón, alrrededor).
Segunda etapa
  • Sustituir por Q el sonido "fuerte" de la C (qasa);
  • Suprimir la U muda de GU- (gerra, ginda).
A estas propuestas se les ha conocido como ortografía de Bello o chilena (dado que en este país se usaron durante mucho tiempo). Y en algunos países sudamericanos se aplicaron. Luego vino la Real Academia Española y dijo que no, que así no se escribe nuestra lengua e impuso su propia ortografía que es la que usamos diario, con letras mudas (h, u en que, qui, gue, gui), con letras que tienen más de un sonido(c, g, x), con más de una letra para el mismo sonido (s, c, z, j, g, q, k).

Con la ortografía propuesta por Bello, se eliminan estas ambigüedades y por lo tanto se facilita la escritura de nuestro idioma. Y es que si nuestro idioma no tuviera esas ambigüedades serían menos frecuentes las faltas ortográficas. Incluso me atrevo a pensar que serían nulas. Por ejemplo, el uso de diéresis que tanto se olvida ya no sería necesario porque ya no escribiríamos Guevara, sino Gevara con la pronunciación suave de la g, y cuando usáramos una u después de la g, ésta sonaría: pinguino en lugar de pingüino.

Así, no sólo cualquier lector podrá pronunciar fácilmente nuestro idioma, sino que el proceso inverso también se podría realizar, es decir, cualquier hablante (que conozca el alfabeto) podría transcribir el lenguaje hablado sin mayor complicación y con pocas, o nulas, faltas ortográficas. Los estudiantes del idioma español, hablantes hispanos o no, tendrían menos problemas a la hora de leer y transcibir un texto en español..

Ahora bien, con esta ortografía nuestro alfabeto quedaría como sigue: A a, B b, Ch ch, D d, E e, F f, G g, I i, J j, L l, Ll ll, M m, N n, Ñ ñ, O o, P p, Q q, R r, Rr rr, S s, T t, U u, V v, X x, Y y, Z z. Serían 26 letras, incluyendo los dígrafos ch, ll, rr. Si lo notan, aquí no existirían las letras c, h, k ni w (que de por sí no tiene por qué contarse como letra de nuestro alfabeto). Me parece que sería más conveniente no usar el dígrafo ch y, en su lugar, asignarle su valor fonético a la c o a la h, sólo por la misma necesidad de facilitar la escritura y evitar así los dígrafos.

Y ya para no hacércelas cansada, quiero reiterar que con una ortografía completamente fonética, como la de Bello, nos evitaríamos tantas broncas a la hora de la lectoescritura. Y claro, las faltas de ortografía serían las menos. Porque eso de tener letras homófonas no es nada productivo.

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