miércoles, 13 de enero de 2010

Mis credenciales

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Hagamos cuentas y veamos con cuántas credenciales y/o tarjetas como mínimo debe vivir un defeño estándar.

Ya es esencial contar con la tarjeta del metro y la del metrobús (benditos tren ligero, trolebús y RTP que aún usan los boletos y las monedas en alcancía). Necesitamos la identificación del IFE para entrar a los bares (-también para votar, -no, para eso no sirve). La licencia para conducir y, según sea el caso, la tarjeta de circulación del auto (en el DF existen las tarjetas de circulación tamaño credencial, no sé si en otros lado existan).

Quien es estudiante trae la credencial de la escuela y de por lo menos una biblioteca (cuando yo era universitario traía credenciales de tres bibliotecas).

Si trabajas necesitas la identificación de tu empresa o institución. Si estás asegurado en el IMSS te dan una credencial con tu número de seguridad social.

Yo traigo además la tarjeta del Sam's Club (habrá quienes traigan la del Costco u otras cosas similares), la del Recórcholis (por si al chamaco se le ocurre ir a jugar un rato), la del monedero electrónico de Farmacias del Ahorro (por si el chamaco se enferma) y la de cliente frecuente de Librerías el Sótano. Debe haber quienes también traigan la membrecía del cine.

A todo eso agrégale la tarjeta del teléfono público y las bancarias que puedas llegar a usar, eso sin contar las tarjetas de crédito de tiendas como departamentales y de autoservicio.

En fin, que en mi cartera hay alrededor de 11 a 15 credenciales y/o tarjetas. Lo peor es que no puedo decir "ni madres, hoy se quedan en casa" porque no se puede. Necesito cruzar la puerta del trabajo, necesito viajar en metro y a veces en metrobús. Necesito demostrar que soy mayor de edad. Y me gusta más pagar con débito que con efectivo, así no me dan cambio y no me lo gasto a lo güey.

Luego entonces la susodicha cartera ha adquirido un grosor desmedido. Tanto que el médico del ISSSTE que vi hace unas semanas me prohibió terminantemente usarla en las bolsas traseras del pantalón. La razón: una cartera demasiado gruesa modifica tu postura a la hora de sentarte y eso perjudica a tu columna vertebral. ¡Vértebra! Si es cierto.

Desde hace como año y medio que dejé de usarla en las nalgas pero por cuestiones de seguridad. Eso de andar en el metro, en las vecindades del centro, en Neza (aunque Gloria diga que no hay pedo), en Padierna y esas zonas tan pinches como la que yo habito no es muy seguro que digamos, y de seguro ha de haber alguno al que se le de eso de ser amante de lo ajeno. Luego no falta el que nomás anda bolseando y viendo a ver qué saca.

El caso es que cuando empecé a no usar la cartera en la bolsa de atrás me costaba trabajo acomodarme a la hora de estar sentado. Incluso llegué a pensar que tenía una nalga más grande que la otra, pero nel, todo era porque estaba tan acostumbrado a la cartera que ya no me sentía a gusto cuando no la traía donde siempre.

A mi papá, que tiene broncas en la columna, le dijo su quiropráctico lo mismo, que no use la cartera en la bolsa de atrás.

Pero volviendo a lo de las tarjetas. No es posible que un solo individuo necesite tanto plástico para identificarse. Es decir que estos podrían reducirse en número.

Por ejemplo, las tarjetas del metro y el metrobús tienen la misma tecnología. ¿No podrían ser la misma? Finalmente ambos servicios son operados por el gobierno local.

La identificación personal a cargo de la credencial del IFE, la licencia de manejo, el número de seguridad social, todo eso que tiene qué ver con alguna institución gubernamental podría manejarse sólo con un plástico donde vengan los datos básicos del acreditado y el resto, como los que tienen caducidad (la licencia de conducir, por ejemplo), sean manejados a través de una buena base de datos central o una por cada servicio que relacione los datos básicos con los específicos.

La UNAM podría manejar todos los datos de sus alumnos del mismo modo, porque eso de tener la credencial de la UNAM, la de la facultad (o escuela o colegio), más las de las bibliotecas a que tengas acceso es demasiado enredoso.

Y es que también es un enorme gasto estar invirtiendo en credenciales por cada nuevo servicio o cada tres años que caduca la licencia. Así, las credenciales que tengan algo en común, como las de transportes, las del gobierno, las de la UNAM, podrían reducirse a una sola. ¿No sería eso más cómodo y más barato?

Claro, nunca faltará el/la pendejo/a que pierda la "unicredencial" (por así decirle), pero incluso eso tendría sus ventajas, porque aunque hayas perdido todos tus datos al perder esa credencial, sólo necesitarías reponer una para recuperar todo.

Pero eso es algo que dudo mucho que se haga, sobretodo porque los que manejan el negocio de hacer credenciales suelen ser parientes y/o amigos de los gobernantes que deciden credencializar a la plebe.

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