miércoles, 13 de enero de 2010

No hago pistas reguetón

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Detesto al reguetón, o como se escriba. Es uno de los tres géneros prohibidos (por lo horrendos) para mí, junto con el japiponk y el duranguense. Es más, lo detesto tanto que cuando pronuncio su nombre lo digo bajito para que nadie me oiga.

Porque, ¿cómo es posible que algo tan sin sentido le agrade a tanta gente? Las líricas, si a eso se le puede llamar de esa forma, son un asco: ponen en lo más alto de un altar a las mujeres para, segundos después, decirles que son unas putas. Las bases rítmicas, además de la monotonía de la caja de ritmos, son deplorables. En algunos casos, muy escasos, he notado buenos trabajos en las bases, pero en muy pocos, muy pocos. Individuos como Nigga (pinche nombre tan pinche) que cantan de la reverenda chingada se creen iluminados de la canción y ahí andan haciendo el ridículo.

[Alguna vez hablaba de lo asqueroso que es el reguetón con un par de compas de la universidad. Uno lo defendía porque era divertido. La otra decía que era un bonito pretexto para mover sensualmente las caderas. Pero bailando salsa también se mueven, le dije. No, pero con el reguetón las mueves más. Sí, porque parece table dance.]

Hace como dos o tres meses me contactó un tipo para que le hiciera sus pistas de reguetón. Porque hago pistas de música para rap, chequen el MySpace del MC Arzola para que oigan mis pistas. Si les gustaron, contáctenme para que les trabaje las suyas. El caso es que en un principio le dije a este reguetonero que sí, que no había pedo. Quería su demo de diez rolas, yo le iba a cobrar bien por cada una de ellas.

Total, que llegué a casa (que es donde tenemos montado un estudio familiar) y me dispuse a escuchar reguetón para poder hacerlo "bien". Nunca pude escuchar una canción completa, como a los 10 segundos me dolía la cabeza, me aturdía, me zumbaban los oídos, o de plano bloqueaba mi cerebro y nada de atención les ponía.

Luego ya me propuse comenzar a trabajar y dejar de hacerme menso. Así que abrí mis programitas para edición y creación de audio y... y... y nada. No salía nada. Comenzaba con el beat, le ponía un buen bajo y luego unas guitarras (le tomé prestada su guitarra a mi cuñado, ji ji) y ya estaba: un buen rock. No menso, tienes que hacer reguetón, me regañaba a mí mismo. OK, entonces agarro el beat, le pongo un teclado, le pongo unas trompetas, le agrego unas percusiones y ya está: una sabrosa cumbia. No, no, no, no y no. Reguetón, tienes que hacer reguetón, me volvía a decir. De acuerdo: beat, guitarra, congas, bajo eléctrico, ¿qué tal? No, eso se llama reggae.

Así estuve no uno, no dos sino cinco días, intentando a diario hacer reguetones. Los "terminaba" y se los mostraba a mis compañeros de la chamba. Suena chido, pero es como rap, ¿no? Suena bien, ¿es reggae? No, es reguetón. Suena más bien a reggae. Sí, yo digo que es reggae.

Durante el tiempo que estuve intentando, creé dos pistas de reggae, y otras más para hacer rap. Pero el reguetón no me salió nuca.

¿Por qué? Quizá porque deplanamente no puedo hacer algo que no me guste. Ni aunque hacerlo signifique un buen ingreso extra. Y me alegra, porque, gracias a mi buen gusto por la música y mi odio hacia el reguetón, soy incapaz de corromperme.
Así que, si son reguetoneros y quieren que les haga sus pistas, ni me digan porque aunque tenga la intención de hacerlo, no puedo, simplemente no puedo.

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