martes, 19 de enero de 2010

Odio que me acosen

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Y hablo del acoso sepsual. No es que esté presumiendo que soy tan rostro que seguido me acosan, pero sí me ha pasado en dos, tres o más ocasiones. Es horrible. Imagínense, a un hombre acosado por una mujer, y lo peor es que si lo dices nadie te cree porque se supone que las únicas víctimas del acoso son las mujeres.

Pero no señoras y señores, esas criaturitas lindísimas de la naturaleza también pueden dejarse llevar por los más bajos instintos animales. Y pueden llegar a ser incluso más agresivas que los mismísmos hombres porque se saben protegidas por la imagen de niña linda. No crean que las estoy satanizando ni nada por el estilo, pero es que es la neta.

A mí personalmente me disgustan sobremanera estas situaciones. Nunca he sido grosero con las mujeres, ni con ningún otro ser humano en general. (Aclaro que los tipos y tipas a las que les he mentado la madre en este blog no son considerados como humanos.) Y como no suelo ser grosero, no sé cómo decirle a las acosadoras que no me acosen sin que usen el chantaje o se molesten o se indignen o cosas por el estilo.

Me acuerdo que cuando estudiaba allá en el CCH-Sur, en mis últimos dos años de los cuatro que estuve allí eran constantes estas situaciones. La neta es que yo prefería nunca estar lejos de mis amigos para evitar verme envuelto entre las garras del acoso. Hace falta tener mucha fuerza de voluntad para solucionar la situación. Luego entré a la facultad y siguió lo mismo. Y la única constante era que estaba yo en una relación estable y seria. Cuando por equis o ye razón llegué a estar solo, no hubo ni quién me hiciera caso.

Yo pensé, ingenuamente lo acepto, que en un ambiente laboral no se daban esas cosas, que la gente se dedicaba a trabajar y nada más. ¡Ah!, pero qué equivocado estaba. Ni en las oficinas se salva uno de esto. Es horrible saberse observado, saberse estudiado, saber que "alguien" más conoce perfectamente tus rutas, tus horarios, todo, TOOOOODOOOO!!!!. (Aquí es donde entro en pánico y corro en círculos hasta caer de cansancio.) Y lo digo porque acá donde trabajo hay una persona que hace eso: me observa, me vigila, me estudia. Me da miedo. ¿Me imaginan todo incómodo cuando se acerca a platicar conmigo de cosas que no tienen la menor importancia? No, mejor no me imaginen.

El caso es que no sé qué hacer y me siento muy, pero muy incómodo. ¡Tengo miedo! Como antes dije, nunca he sabido ser ojete con nadie, en especial si de trata de una mujer. [OK, sí, soy agresivo con mis amigas y les miento la madre cada dos segundos, pero es porque hay confianza :D, también ellas me la mientan a mí.]

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