jueves, 18 de febrero de 2010

Taxi vocho amarillo con blanco

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Ya era tarde y si no tomaba un taxi era casi seguro que no alcanzaría a checar mi tarjeta de entrada. Así que me dispuse a ser lo más aperrado para no dejar que me ganaran el taxi, en caso de que alguno pasara vacío a esas horas.

La lluvia entorpecía mi vista, esto de utilizar lentes de armazón a veces es incómodo. Pasaron unos cinco o diez minutos y ningún taxi vacío. La desesperación y el estrés iban en aumento. A lo lejos alcancé a ver cómo daba la vuelta un vocho amarillo con blanco, con el "gorrito" que decía "TAXI". Mi reacción inmediata fue pensar "no mames, ¿a poco esas madres todavía existen?".

¿Ustedes se acuerdan? Hace muchos, pero muchos años circulaban vochos amarillo con blanco como taxis, luego entraron lo "taxis ecológicos" (según), vochos verdes con blanco. Después empezaron a entrar en uso los Tsurus blancos con una franja naranja que a veces era roja. Y actualmente circulan con una combinación rara de beige casi dorado con rojo como de ladrillo y unos dibujitos como de alas a los costados. El caso es que se supone que los vochos amarillos con blanco ya se habían extinguido. Pero no gente, aún hay ejemplares circulando por las calles de la ciudad.

El caso es que el citado vocho amarillo con blanco venía desocupado y, más por nostalgia que por gusto o prisa, decidí hacerle la parada, a ver si me podía subir. Y sí, se paró y el chofer me abrió la puerta. Me subí indicando mi destino. Lo primero que vi fue que la matrícula del taxi estaba más que desactualizada. Luego, los pinches resortes del asiento amenazaban con vulnerar mi virilidad y la integridad de mis posaderas.

El chofer, un señor como de sesenta años, moreno y con cabello blanco, le mentaba su madre a todos y todas por igual, fueran cafres o buenos conductores. Neta que hasta como que me dio miedo. Hace bastante tiempo que no escucho a alguien (incluyéndome) blasfemar tantas veces por minuto. Y después de cinco minutos de viaje, como que hasta me comenzó a dar risa que por todo se enojaba. "Pinche Ebrard que no pavimenta las calles", "órale pinche vieja, fíjese por dónde va", "ya ni la friegan con tanto puto semáforo"… y demás flores del lenguaje.

La incomodidad del asiento fue verdaderamente insoportable cuando, por querer llegar en chinga al destino, se pasó de largo por un enorme bache. Pero lo que verdaderamente me hizo agradecer la escasez de esta especie de taxi (y sus especie correspondiente de taxista) semi-extinta fue el momento en que el conductor detuvo su unidad, ya en mi destino. Lo hizo tan de golpe que prácticamente salí disparado hacia el parabrisas del vocho amarillo con blanco. No supe si mentarle la madre o ponerme feliz por salir de su auto. Espero no volver a ver ese vocho.

Ah, y sí llegué a tiempo a mi trabajo.

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