lunes, 29 de marzo de 2010

La Puta de las Ciencias Sociales

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Qué feo es saber que la profesión a la que le quieres dedicar tu vida entera empezó como una puta del imperialismo. Y es que ya había oído antes ciertos comentarios negativos acerca de la ciencia que, hasta ahora, cubre todas mis expectativas, pero este calificativo es definitivamente el más fuerte de todos.

Sociólogos, historiadores, psicólogos y hasta filósofos han blasfemado alguna vez en contra de mi tan querida antropología. Pero lo más cabrón es que lo más ofensivo hacia ella que he escuchado provino de un antropólogo. Y aunque haya sido en tono informativo para alertarnos de lo que los demás científicos sociales piensan de los antropólogos...

Pero el caso es que sí, que aunque ya no sea de ese modo y aunque no me guste ver las cosas así, la antropología inició siendo la puta de las ciencias sociales. La puta del imperialismo. Eso de andar conociendo y estudiando las costumbres y tradiciones de otros pueblos con el único fin de someterlos y explotar sus terrenos además de poseer a sus mujeres no es una idea original de James Cameron ni tampoco es reciente. Recordemos a los ciertos etnólogos franciscanos que ayudaron enormemente en la conquista espiritual del nuevo mundo.

Esto, recordar los orígenes de la antropología, siempre me ha hecho pensar en ella como una linda daga de doble filo. Por un lado hacer una investigación sobre cierto grupo de humanos puede ayudar a que este grupo se desarrolle o que obtenga cierto beneficio, pero por el otro lado también puede servir a intereses de terceros que pretendan hacer daño a ese grupo social. Hay que ser muy cuidadosos con la información que se obtiene, su forma de manejarla y la forma de presentarla.

En fin, lo bueno es que esta ciencia social ya no es la puta que empezó siendo hace unos cuantos cientos de años. Neta, ya no es esa puta. Y poco a poco ha dejado de ser esa herramienta para el dominio del otro y se convertido en una herramienta para la protección. Bueno, eso es un tanto romántico, pero sí van hacia allá los esfuerzos antropológicos.

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