martes, 12 de octubre de 2010

Un cigarro bajo la lluvia

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Audio:
Lectura en voz alta de el LOKutOr Mc:

Camino en la lluvia, con la mochila a cuestas. La mano derecha envuelve estratégicamente el último Delicado sin filtro. El agua en los lentes no me deja ver, pero quitármelos no es una opción teniendo siete dioptrías en cada ojo. La gente se esconde, le teme al agua. ¿Será a caso que la lluvia ácida les provoca sarpullido? ¿Será que en esta ciudad soy de los pocos que aún disfrutamos de los pequeños placeres como fumar bajo la lluvia? No sé, no sé qué será, pero en definitiva me ven raro, más de lo normal. El cigarro comienza a morir y las gotas que escurren de mi nariz no le ayudan a mantenerse encendido. Este enorme charco sobre el que camino y que se dice llamar Periférico no deja de recordarme lo poco que a la gente le importa el resto de la humanidad. Pasan en sus autos a grandes velocidades con la clara intención de mojar al transeúnte valiéndoles madre de quién se trate. Hijos de perra. Uno de esos hijos de perra intenta mojarme, pero la mochila, que traigo a cuestas, me protege. Sonrío mientras con la mano izquierda esbozo una seña cordial, es decir, una seña con el dedo medio en alto, el dedo cordial. El pasajero del automóvil en cuestión, ofendido por mi atrevimiento, sale un poco por la ventanilla para mostrarme la agilidad con la que puede doblar el codo derecho. ¿Ustedes creen en el karma? Yo no, sólo creo que fue una simple casualidad. A pesar de lo aparatoso del suceso, mi paso lento siguió su ritmo como si nada hubiera pasado. La gente, con todo y lluvia, se arremolinó unas tres cuadras adelante. El tramo que el conductor necesitó para percatarse del mal estado de su acompañante. Y es que, un putazo en la nuca, a una buena velocidad, propinado por un poste de luz, no es cualquier cosa. La gente tomó al golpeado que estaba inconsciente y lo recostó en el suelo. Alguien llamaba por teléfono y señalaba al sujeto. Yo le di la última fumada a mi Delicado sin filtro, seguí caminando bajo la lluvia y con mi mochila a cuestas. Fue casi involuntario: sonreí de nuevo al pasar al lado de este tipo y mostrarle de nueva cuenta la misma seña cordial.

Me parece justo y necesario dar crédito a quien lo merece: Gracias Estopa por darle título a este relato, después de haberlo ignorado olímpicamente (según él mismo).

2 comentarios:

  1. Orales que fuerte, no es que me alegre el dolor ajeno pero yo siempre he opinado que es mejor que todos esos pinches locos se "madrien" solos a que anden por la calle ocasionando accidentes a gente que ni la debe ni la teme, yo tampoco creo en carma pero estos estos bueyes por andar en su desmadre no fijaron del poste y que tal que es otro carro o un chavito o cualquier gente que tal que este imbecil que va manejando que de seguro avalo las pendejadas de cuate se lleva una persona entre sus desmadres. que bueno que ya tuvieron una lección y ojala a todos los que manejan poniendo en riesgo la vida de los demás también se den un chingadazo solos antes de que ocasionen algo grave.

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