viernes, 7 de enero de 2011

El señor de sesenta y el convoy del metro*

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

¿Les cuento? Va, les voy a contar, nomás porque sé que de vez en vez me leen.

Era un día común y corriente en mi existencia. Me metí al metro en la estación Zócalo, había estado caminando por Donceles y Madero, nomás viendo a ver qué veía. El caso es que ya me había hartado y deseaba ir a mi casita, al sur de la ciudad. Me dispuse a viajar con dirección a Taxqueña.

A esa hora del día, como las 11 de la mañana, casi no hay gente en el metro. Desde donde estaba yo, el extremo posterior del andén, se podía ver el otro extremo. A lo mucho éramos unas veinte personas esperando el convoy.

Había un señor como de unos sesenta o más años. Estaba a unos pasos de mí, a la altura del penúltimo vagón. Me llamó la atención el hecho de que se movía como desesperado y maldecía con un amplio vocabulario. Traía consigo un par de cajas de cartón amarradas con un lazo. Ustedes saben que a unos 30 o 50 cm de la orilla (no sé con exactitud cuántos porque no he tenido el ocio de medirlos) hay una línea amarilla, esa que dicen que no debemos rebasar hasta que esté en alto total el metro. Este señor estaba rebasando esa línea y sus cajas las tenía cerca de la orilla, a unos centímetros.

Me asomé al túnel y alcancé a ver que el convoy se acercaba a la estación. Qué bien, ya era tiempo. Voltee a ver al señor nomás porque soy re chismoso. Cuando se percató de la cercanía del metro, se agachó por sus cajas. Se agachó así: sin doblar las rodillas y doblando el cuerpo a la altura de la cintura, bajando manos y cabeza. No debió hacerlo de eso modo. El carro del metro le pegó en la cabeza y lo arrojó unos cuantos metros. Se quedó ahí tendido. No vi que le saliera sangre o algo, pero tampoco vi que tratara de levantarse o moverse. Me quedé petrificado. Me quise acercar, pero ya había un montón de gente rodeando al señor. Luego llegó la policía y se hizo cargo, bueno, según ellos.

Y ya, luego me subí al vagón del metro y seguí escuchando la música que salía de mis audífonos.


* Ustedes disculparán, pero no se me ocurrió un mejor título para este post.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por tus comentarios, serán respondidos a la brevedad. Si deseas enviar un comentario personal al autor, pasa a la sección Contacto. También te recomiendo leer unas sencillas reglas antes de comentar. Gracias.