viernes, 24 de junio de 2011

De cerdos, bisexuales y la etnohistoria

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam


Nota preliminar: El presente texto no incluye referencias bibliográficas por dos razones fundamentales: 1) la intención de este texto es la de cotorrear un rato y 2) me dio flojera poner las citas.

I. De lo poco que me ha quedado claro del discurso de Claude Lévi-Strauss es que la mente humana (no dice qué parte de la mente humana) necesita ordenar su entorno para aprehenderlo. Necesita clasificarlo. Entonces el pensamiento humano suele organizar la realidad a partir de oposiciones binarias (sí, al estilo del 0 y 1), es decir: blanco/negro, bueno/malo, falso/verdadero, etcétera. (Esto me recuerda un poco a Herskovitz cuando dice que el ser humano se enfrenta a la imagen del mundo que ha creado y no al mundo mismo.)

II. En el libro del Levítico (sí, estoy hablando de la Biblia) encontramos un montón de cosas que los judíos no deben hacer, no deben comer. De ahí viene la prohibición a comer cerdo, ya que se establece que no se deben comer los animales rumiantes ni los que tengan la pezuña partida. Esta es una clasificación, y como las que propone Lévi-Strauss, es binaria: los animales que se pueden comer y los que no. Pero resulta que el cerdo no es rumiante, pero sí tiene la pezuña partida. Está en algo así como un limbo. No cabe en ninguna de las clasificaciones preexistentes (comestible/no comestible), así que, simplemente se vuelve tabú (se le da una clasificación nueva) y se prohíbe sin más su consumo.

III. En una sociedad regida por los machos y en la que lo femenino ha sido desde hace un par de milenios objeto de desprecio gracias, por su puesto, a santos como Pablo de Tarso, Agustín de Hipona y otros muchos más que desde su ascetismo extremo odiaban al cuerpo, al placer y a las mujeres. En una sociedad occidental como esta es mal visto que haya hombres que pretendan ser mujeres, que haya hombres que amen a otros hombres. La homosexualidad es una de las peores aberraciones de la humanidad (desde el discurso machista, claro, a mí no me molestan los gays). Pero hasta cierto punto no hay demasiado problema, se es heterosexual o se es homosexual. El problema es ser bisexual. Tanto los hetero como los homo miran mal a esta preferencia y es precisamente porque no se encuentran dentro de una clasificación. He escuchado a más de un par de gays hablar mal de los bisexuales argumentando que son unos $@&% "indefinidos".

IV. Las ciencias que se dedican a estudiar a la humanidad en su aspecto social-cultural se encuentran supuestamente bien delimitadas desde hace unos cien años por lo menos. Los sociólogos, los antropólogos, los historiadores, los psicólogos sociales saben perfectamente cuál es su lugar en el campo del saber. Salvo uno que otro que anda deambulando entre varias ciencias, lo común es establecerse en una trinchera y desde ahí explicar la realidad. La etnohistoria, sin embargo, se atreve a eliminar las barreras (de por sí demasiado borrosas y nada definidas) entre estas y otras ciencias. Los etnohistoriadores son mal vistos por antropólogos e historiadores, principalmente, y por lo regular son ignorados por el resto de los estudiosos de lo humano. Y eso puede deberse, por supuesto, al hecho de que ni es historia, ni es antropología. No cabe en ninguna clasificación preexistente.

V. Es por todo es que me atrevo a decir, sin problemas, sin pretensiones discriminatorias, y sin complejos de inferioridad que los etnohistoriadores somos como cerdos, como bisexuales.

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