martes, 2 de agosto de 2011

Promesa

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Nota preliminar:
Este 'cuento' lo escribí hace unos 5 años, más o menos.
Luego lo publiqué en el blog que tuve (¿tengo?) en Live Spaces.
No tenía título, y el actual no me convenció del todo.
Le hice unas modificaciones, pero es prácticamente el mismo texto.

Me decepcionas, otra vez estás igual. No aprendes, no. Ya deberías saber todo lo malo de esas cosas, de esas chingaderas que te metes como esperando que te solucionen la vida. Sabes bien que eso no te ayuda. Sabes bien que esas madres te pueden matar, y yo mejor que nadie te puedo hablar de eso, de esa muerte.

La otra noche no sabía qué hacer contigo, te pusiste hasta la madre, pensé que te morirías, tú no debes morir y menos por una estupidez como esa.

Hay veces que me desespero y quisiera hacer algo más que sólo hablarte, pero no puedo. Por eso te aprovechas y haces lo que quieres, por eso puedes ignorarme. No sabes cuánto deseo poder hacer algo más que sólo hablarte. Poder tomarte con mis manos y evitar que hagas esas pendejadas, porque eso son, pendejadas.

Desde que probaste la mota no has parado, ahora te metes todo lo que se te atraviesa en el camino. No sé cómo lograr convencerte de que dejes esas madres. No sabes lo difícil que es cumplir mi promesa sin tu colaboración.

Sí, aunque me mires de esa forma. Yo hice una promesa y pretendo cumplirla. La recuerdo bien, ella vino hacia mí, yo dormía el último sueño y me despertó, me pidió que le prometiera que te iba a cuidar, que iba a evitar que tú murieras.

Sí, tal vez le prometí ayudarte sólo porque se me hizo familiar su cara y no por querer ayudar. Ya sabes que eso de ayudar no es lo que más me guste. Pero ya lo prometí. No pude negarme ante la angustia que mostraba.

Por eso trato de hacerte entrar en razón. Por eso diario insisto en que no te metas chingaderas. Por eso sólo tú me puedes ver, porque a ti es a quien tengo que ayudar. Pero tú no escuchas, te alejas, me ignoras, te burlas, me retas. Es más, la otra vez hasta te paraste frente a mí para que te viera inyectándote no sé qué cosa. Desde que sabes de mí nunca has tratado de hacer lo que te digo. Sigues igual o peor que antes.

No debes morir, ella no quiere que mueras, quiere verte vivir, desde el lugar donde descansa, desde ahí te quiere ver vivo, porque, eso me dijo, vivo es como te quiere, es como te ama, no muerto. Ella no quiere que estés muerto, entiéndelo. Ella no te quiere muerto. Ella no me...

Lo que menos tolero es tu pinche justificación de mierda. Siempre sales con lo mismo: que la culpa la tiene ella, que no lo haces por gusto sino para olvidar, que la quieres olvidar, que no debió haberse ido, que no se debió morir, que tú la amabas, que la querías un chingo. Vamos, y si realmente la amabas, ¿no es mejor vivir por un amor que morir por él?

No te entiendo, a otras personas les dices que tratas de hacer lo que ella hubiera esperado de ti, pero yo sé, y tú me has dicho que ella odia todo lo que apendeja: el alcohol, la yerba, las tachas, todo. Así lo dices, en tiempo presente, ella odia. Y mírate justo ahora, estás peor que la última vez, mentando madres, llorando por no-sabes-qué. ¡No me ignores cabrón! Sabes que lo que digo es cierto, por eso me esquivas. Sí claro, era de esperarse, te vas a echar en tu rincón para no oírme, siempre haces eso. ¿No te das cuenta que ocultándote empeoras las cosas en vez de mejorarlas?

Allá donde ella está, ahí estaba yo, en el mismo lugar, a donde van los que ya no pueden, los que ya no podemos estar entre los vivos. Los muertos. (Se supone que no debo decirte esto.) Allá, en ese lugar, y para los de ese lugar, el tiempo como lo conoces no existe. Podemos, si queremos, ver lo que es hoy, lo que será mañana y lo que fue ayer. Ella vio cómo moriste. Como morirás, mejor dicho. Vio cómo por esas chingaderas que te metes vas a morir... así como yo morí. Por eso te pido que ya dejes esas madres.

Mírame a los ojos, mírame y dime que lo que te digo es mentira, que es nada más para molestarte. No puedes, no te puedes mentir. Vamos, levántate. Hazme caso, es lo mejor. No, no te vayas, ¿a dónde vas?, no salgas a la calle, no me dejes hablando solo. Espérate. Vale madres, ahora voy a tener que seguirte, otra vez. ¿A dónde jodidos vas cabrón? ¡Contéstame! ¡Te estoy hablando! (Ojalá no vayas al barranco otra vez.)

Por fin te detienes, me cansé de seguirte. ¿Qué ocurre? ¿Estás dormido sobre el pasto, o acaso...? Responde, por favor, vamos responde, no te quedes callado. Dime algo.

¿Qué? ¿Qué dices?

"Que... tienes razón, dejaré esto, es lo mejor. La amo, la amo tanto que por ella voy a vivir. Sí, eso hubiera querido ella, eso es lo que quiere, que viva. Vale más la pena vivir por un amor que morir por él. Por eso, por ella voy a vivir. Por ella voy a dejar esto. Por ella. Y tú, necesito que tú me ayudes a dejarlo, te voy a escuchar, créeme, te voy a escuchar. Serás como mi ángel de la guarda, tú me ayudarás. Tú me tienes que ayudar."

Lo sabía. Sabía que tarde o temprano entenderías. Me parece bien, es lo mejor. Sólo que yo no te podré ayudar, porque, y ya lo sabes, si tú no mueres, yo no existo, pues yo...


—No manches carnal, mejor ponle que al güey este lo tratan de asaltar y se resiste y lo matan.
—Si güey y ¿de qué serviría haberlo convencido de que dejara de drogarse?
—Pues ese es el chiste.
—Nel, ni madres, así se queda.

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