martes, 20 de septiembre de 2011

Reconocimiento a la doble labor de las enfermeras

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Por los comentarios que he recibido de un par de amigas mías dedicadas a la medicina llegué a pensar en las enfermeras como personas horrendas, desprovistas de todo rastro de humanidad. Por los comentarios recibidos de un par de amigas y un amigo dedicadas a la enfermería llegué a confirmar lo anterior.

En los relatos de estos cinco amigos las enfermeras (utilizo el femenino porque aunque haya enfermeros la mayoría son mujeres) suelen ser las ojetes que controlan todo lo que sucede en el hospital, deciden qué médico puede usar o no los insumos necesarios para su labor… deciden, en suma, el rumbo del lugar donde trabajan. Y si, por alguna estúpida razón, un médico le cae mal a la jefa de enfermería, la vida laboral del galeno se convierte en una pesadilla.

Como mis amigos viven constantemente esta lucha de poder en los nosocomios, supuse que lo que me decían era cien por ciento real. Pero resulta que, aunque lo que me han dicho no es mentira, no se trata de la única cara de la moneda. Con mis propios ojitos y sus respectivos lentes de contacto he podido ver algo más. Con mis propios oídos es podido escuchar otra faceta de las enfermeras.

Algo que nunca me dijo nadie es que las enfermeras son más que esas personas que inyectan, hacen curaciones, toman la temperatura, la presión arterial, etcétera. Son también quienes mantienen mayor contacto con los pacientes. Al médico se le ve poco. Por lo tanto, al tener que lidiar más constantemente con los enfermos, o se vuelven unas personas sumamente odiosas o todo lo contrario.

En mi percepción de la realidad he podido ver que es más común la segunda opción. Muchas enfermeras terminan siendo confesoras o "doctoras corazón". Hay montones de pacientes que piensan que las enfermeras están obligadas a escuchar su historia de vida, desde su nacimiento hasta el día previo a su ingreso en el hospital.

Yo, sinceramente, los mandaría a la chingada, tengo poca paciencia cuando se trata de escuchar cosas que no me importan. Pero las enfermeras no lo hacen, hacen como que escuchan. O tal vez sí escuchan. Y eso también alivia al enfermo, un trato cálido, humano, amable. Porque los médicos suelen ser tan fríos, tan indiferentes al dolor del enfermo. Las enfermeras suelen ser el otro lado, el lado amable.

Y qué bueno que lo sean. Es de reconcerles esa doble labor, ser enfermeras y ser humanas.

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