miércoles, 12 de octubre de 2011

Ciclismo urbano

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam



La semana pasada empecé a usar la bicicleta para transportarme en las calles de mi ciudad. Ciertamente no lo he hecho todos los días desde entonces, resulta que el mismo día que empecé a usar la bici se reventó (literalmente) la llanta trasera. (Agradezco a mi hermano por haberme brindado asistencia vial.) La arreglé.

La idea es acostumbrarme a usar este medio de transporte para:
  • mejorar mi condición física, deplorable desde que soy burócrata,
  • mejorar mi salud, que dicen los médicos que este ejercicio ayuda,
  • bajarle un poco al estrés que andar en transporte público me provoca, y
  • si es posible, bajar un poco la panza de pulquero que me cargo.
Durante estos días de practicar el ciclismo urbano me he percatado ciertas cosas. Para empezar, esta pinche ciudad no está diseñada para moverse en ruedas que no sean de automóviles. Prácticamente no hay ciclopistas, no hay rampas para el uso de bicicletas, no existe una cultura vial de respeto hacia ciclistas.

En las avenidas en las que resulta altamente riesgoso circular por el arroyo vehicular he preferido usar la banqueta, a baja velocidad. Pero la inmensa cantidad de baches, de rampas de acceso a edificios mal construidas, de basura arrojada a la calle, etcétera, hacen prácticamente imposible la circulación por estos espacios.

Lo anterior se refiere a infraestructura. Hablemos de los automovilistas, al parecer ellos poseen algo así como un reglamento de oro, a saber:

Reglamento de oro del automovilista frente al ciclista:
  • Si usas una vía sin ciclopista, da por hecho que los ciclistas no existen, y si por casualidad ves a uno, haz como que no lo viste y échale el carro encima.
  • Si vas en el primer carril de la derecha, deja el mínimo espacio entre tu auto y la banqueta, que no quepan ciclistas ahí.
  • Si usas una vialidad con ciclopista, estaciónate en ella, circula por ella, obstrúyela, pero por ningún motivo la dejes libre para el tránsito de bicicletas.
  • Si vas a dar una vuelta para ingresar a una vialidad y ves que en esta viene circulando un ciclista, no te hagas a un lado, que él busque por donde pasar.
  • Si el semáforo te tocó en rojo cerca de una rampa, haz malabares y hasta lo imposible por obstruirla y que nadie la pueda usar.
  • Si circulas por una vialidad de doble sentido y en sentido contrario a ti circula un ciclista, volantea para que el auto vaya directo a él.
  • Si vas a bajar de tu auto, procura abrir la puerta en el momento en que el ciclista pase a tu lado.
Estas reglas se vuelven aún más estrictas y hardcore cuando se trata de un microbusero o taxista. Aunque me parece pertinente decir que todavía hay quienes no conocen estas reglas y procuran hacer precisamente lo contrario, lo cual se agradece infinitamente.

Si todas estas inconveniencias encuentro yo en las calles de mi ciudad, me imagino que hay mil más que pueden encontrar quienes usan silla de ruedas.

Creo que Marvin Harris acertó cuando dijo que más sagrados que las vacas sagradas en India son los autos en Occidente. (Bueno, él habló de Estados Unidos de América, pero igual aplica para Occidente).

Pero no hay bronca. No pienso dejar de usar la bicicleta por esos detalles. Además, en cada colonia que cruzo, por casi cada avenida que circulo, me he topado con gente encima de su bici, lo cual siempre me anima. Y, aunque sea muy pronto para ver los resultados del ejercicio físico, anímicamente me siento de lujo.

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