viernes, 17 de febrero de 2012

Ver pornografía en mis tiempos

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Verán, no soy tan viejo como para empezar a usar cotidianamente las tres palabras clásicas de las generaciones mayores "en mis tiempos", pero resulta que la tecnología avanza a pasos agigantados y eso ha hecho que ciertas cosas cambiaran radicalmente en muy poco tiempo. Y una de esas cosas es la pornografía.

Recuerdo que cuando iba en la primaria (en los años 90 del siglo pasado) no me llamaba la atención ver ese tipo de publicaciones. Aun así me daba curiosidad ojear los catálogos de lencería y cosas así de ñoñas.

Ya en la secundaria sí me llamaba un poco la atención. Me acuerdo de un compañero al que le hacíamos burla porque usaba su asma de pretexto para siempre estar de chillón. En alguna ocasión llegó a la escuela con su sonrisa triunfante porque misteriosamente ocultaba en su mochila un par de revistas para "caballeros". Las protegía como un tesoro y lograba aglutinar una cantidad considerable de compañeros en torno suyo para poder echar un vistazo a la revista. Creo que, en parte, eso le ganó un poco de respeto, por algún tiempo.

El caso es que en esos ayeres conseguir y ver porno no era tarea fácil. Había que ir al puesto de revistas y lidiar con el vendedor para conseguir un ejemplar de esas codiciadas publicaciones. Había que tener amigos a los que no les diera pena pedir algo así al voceador o que el voceador fuera buena onda. Algunos pocos de mis compañeros ostentaban PCs con conexión web a 56 kbps y presumían su colección de fotos en calidad VGA.

¿Y ahora? Ahora basta con insertar ciertas frases para nada complicadas en el buscador de web de tu elección y voilá, por arte de magia aparece el porno. Y no son fotos VGA, son videos HD. No es lo mismo ya. Uno puede ver porno sin que el voceador conozca las preferencias de cada cliente. Sin tener que pedirle prestadas las revistas al amigo. Sin tener que usar una caja especialmente oculta en el rincón más recóndito de la recámara para esconder el tesoro de las tres equis. La neta, lo que sea de cada quien, los pubertos de hoy en día la tienen más fácil que en mis tiempos.

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