lunes, 23 de abril de 2012

Palabras de taxistas

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

En esta ciudad hay varios tipos de taxistas: desde los que conducen callados, los que prefieren poner a todo volumen las bromas del Panda Show, hasta los que creen poseer la verdad absoluta, los que se hacen los chistosos y aquellos que simplemente saben conversar. En general prefiero a los primeros y a los últimos.

Los que ponen al Panda Show (o cualquier cosa que se le parezca, pero que esté a todo volumen) me desesperan: tener que chutarme esos programas del asco es una verdadera molestia.

Los que creen poseer la verdad absoluta son unos entes despreciables: no solo tratan de imponer su opinión, sino que lo intentan hacer a la fuerza y muchas veces se entrometen en las conversaciones de los pasajeros sin que estos les hayan dado pie para hacerlo.

Los que se hacen los chistosos, pues me dan igual, podría oírlos o tal vez no sin que eso modifique mi estado de ánimo ni nada.

Los chidos son los que manejan en silencio, pues me dejan pensar, leer, escuchar mi música, etc. Y también son chidos los que saben conversar. Y saber conversar implica no imponer las opiniones propias y, por supuesto, saber de lo que se está hablando.

Hoy por la mañana tomé un taxi y el señor venía hablándome sobre la forma en que la ciudad ha cambiado. Me platicó acerca de un cuadro que posee en el que se puede ver el Canal de la Viga en todo su esplendor. De cuando Tacuba, San Ángel, Tlalpan, Huipulco eran considerados sitios de recreación fuera de la ciudad.

Hace unos días otro taxista también me platicaba de las comodidades de ser chofer en décadas pasadas. Que no había que conocer tantas calles, porque la ciudad no era tan grande.

También en alguna ocasión me subí al taxi de un ex militar y ex trabajador de Luz y Fuerza del Centro. Señor que poseía una conversación bastante agradable. Me contó de ciertos problemas que tuvo con el dirigente del SME a raíz de comportamientos inadecuados del sobrino de este líder sindical, y de cómo al final salió bien parado.

En otra ocasión me llevó a mi destino una señora taxista que había sido profesora de filosofía en la UNAM, pero que por no ceder al acoso sexual de un superior tuvo que abandonar su trabajo.

Al volante de un taxi te puedes encontrar infinidad de sujetos interesantes: un trabajador de la extinta Ruta 100, una ex prostituta, un jubilado del CISEN (que, por cierto, me contó desde qué partes del edificio de la Rectoría de la UNAM se filman y fotografían a los estudiantes revoltosos y/o viciosos), un sonidero que en sus ratos libres maneja el taxi, un ex presidiario... Son tan variadas las personalidades y los orígenes de los taxistas, que he llegado a pensar que el Taxi es el refugio ideal después de una vida de trabajo o desmadre.

Me agrada cuando al volante va alguno de estos sujetos. Y me agrada escuchar sus palabras. No siempre coincido con las ideas que me expresan, pero sin duda es un buen ejercicio conocer distintas opiniones y distintas experiencias de vida. (Tal vez debería realizar un trabajo académico con estos sujetos.)

1 comentario:

  1. "Los que prefieren poner a todo volumen las bromas del Panda Show", jajaja, a huevo, cada que voy al DF me pasa.

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