viernes, 28 de septiembre de 2012

Living Apart Together, equidad, divorcios y algunos apuntes sobre género

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Situación A: Vivir juntos aparte

Leí un post en el blog de Guillermo Guerrero que habla sobre parejas que deciden llevar una relación amorosa sin compartir vivienda. No dice mucho acerca de esta modalidad de relación y de hecho no hay mucho qué decir.1 Aun sin mucha información podemos inferir ciertos elementos básicos para que se de una relación de este tipo.

Ambos sujetos (hombre, mujer o quimera) deben ser económicamente independientes, lo suficiente como para tener vivienda propia (¿aplicará en casos en que alguno de los sujetos viva con sus padres?). Es decir que en sociedades en las que a las mujeres se les impida el acceso al mundo laboral esta alternativa se complica.

Si cada uno de los sujetos tiene vivienda propia, entonces las labores de las llamadas esfera pública y privada (que en realidad son la misma cosa) son realizadas por el mismo sujeto (a menos que le paguen a alguien más por las labores domésticas). Es decir que las tareas se realizan sin distinción de género.

Situación B: Relación equitativa y divorcio

En un artículo de La Jornada se habla sobre un estudio realizado en Noruega. Este estudio dice que entre los matrimonios donde los hombres y las mujeres comparten responsabilidades en proporciones equitativas es más alto el índice de divorcios. Sin embargo los investigadores dicen que no hay una causalidad que ligue ambas situaciones.

Argumentan que se trata de parejas modernas, que por eso distribuyen más equitativamente las tareas domésticas y por eso también consideran menos sagrado el matrimonio. Que por ser modernas, las mujeres tienen más estudios y no dependen económicamente de sus maridos. Y que la educación de los niños se reparte entre hombres y mujeres de manera equitativa.

- O -

Dicen algunas estudiosas del género, a partir de lecturas de Marx, Lévi-Strauss, Freud y otros sesudos que nunca dijeron nada del género2, que la unidad social básica (en los inicios de la humanidad) es la formada por un hombre y una mujer y que de ahí se deriva todo el parentesco, y que el parentesco y el lenguaje son los responsables de que la humanidad sea humanidad. Que en esta unidad básica hay una división sexual del trabajo (sea cual sea) que convierte a los géneros en diferentes y complementarios. División que el capitalismo usa para explotar doblemente a las mujeres, por cierto.3 Que el hombre subordina a la mujer porque él posee el símbolo inequívoco del poder, el falo.4

Dice Gayle Rubin5 que para que no haya subordinación de género es necesario replantear eso abstracto que llamamos cultura. Que si los hijos son criados entre ambos padres se rompe el círculo vicioso que hará de las mujeres sujetos pasivos y susceptibles de ser subordinadas. Preguntan algunas feministas sobre la posibilidad de una sociedad sin género, dado que eliminando las diferencias de género, es decir, eliminando los géneros, se eliminaría la más antigua de las desigualdades entre la humanidad.

Desde mi perspectiva, las dos situaciones expuestas al inicio de este post proyectan lo que podría ser el comienzo de un nuevo tipo de relaciones interpersonales en las que no exista subordinación de uno de los sujetos por razón del género al que pertenezca. Al no ser sujetos diferentes complementarios en razón de su participación económica, al no estar atada la mujer a las labores domésticas ni el hombre a la obtención de recursos en la esfera pública, se pueden constituir en sujetos en sí y para sí, que no requieran ser complementados por otro sujeto y que, por lo tanto, no sean susceptibles de subordinación.

Ahora bien, me repito hasta el cansancio que toda relación social es una relación de poder. En una relación de pareja del estilo clásico el poder reside en el falo, dice Lacan. Viendo esta realidad desde otro ángulo, el poder está íntimamente ligado a la economía. Quien posea los recursos económicos podrá ejercer el poder.6 Entonces, en una relación en la que ambos sujetos sean económicamente independientes, el poder estará repartido más o menos equitativamente y será más fácil conseguir eliminar cualquier tipo de subordinación.

A final de cuentas, por lo anterior expresado, creo que sí puede haber una sociedad sin género, lo que no es lo mismo que una sociedad sin sexos.


1 Buscar Living Apart Together en la web no arroja muchos resultados claros que digamos.
2 Uso la palabra género como categoría analítica, no como la diferenciación entre los sexos.
3 Triplemente, dicen las latinoamericanas, si se trata de una mujer indígena.
4 Aun no sé por qué el falo es el símbolo del poder y no lo es la vagina, por ejemplo.
5 En su artículo titulado "El tráfico de mujeres: Notas sobre la 'economía política' del sexo"
6 Dejo de lado la explicación lacaniana sobre la relación intrínseca entre el símbolo del falo y el poder, y la dejo de lado intencionalmente porque no me explica la razón de que el poder resida en el falo y no en otro lugar.

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