miércoles, 31 de octubre de 2012

"Sole, pizza e amore", en el centro de Coyoacán

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Fuimos a comer a "Sole, pizza e amore", un restaurant de pizzas que está en Coyoacán, sobre Felipe Carrillo Puerto, a una cuadra de la avenida Miguel Ángel de Quevedo.

Imagen tomada de Google Street View
El lugar es pequeño pero bonito. En sus muros tiene pintados unos lindos cuadros que le dan cierto toque de alegría al restaurant. Quienes atienden el changarro son jóvenes, no vi a nadie que aparentara llegar a los 40 años.

Al llegar nos recibieron con la carta. Las pizzas se leían deliciosas. Al cabo de un rato se acercó la mesera para pedirnos la orden:

-¿Gustan ordenar?- preguntó la mesera.
-Sí, queremos una pizza capricciosa- dije.
-¿Algo más?
-¿Pedimos una ensalada?- pregunté a I*.
-Mmm… sí, esa de apio y champiñones- me respondió.
-Entonces es la pizza y la ensalada, por favor- confirmé la orden con la mesera.
-OK.

Pasé al baño para lavarme las manos y al volver ya estaba servida la ensalada. Yo ya había untado un pan con mantequilla así que combiné los alimentos. La ensalada estaba buena, pero nada del otro mundo. Era con aderezo de mostaza, pero no le daba buen sabor. Quedó mejor cuando le pusimos aceite de olivo.

En ese lapso llegaron más comensales y notamos que a ellos les servían primero la pizza que a nosotros. Eso me extrañó un poco, así que a la primera oportunidad que tuve interpelé a la mesera:

-Disculpa, ¿se tardará mucho nuestra orden?
-¿Qué pidieron?
-(Con cara de "no mames") Una pizza capricciosa.
-(Ofendida) No, ustedes nada más pidieron la ensalada. Ella (altanera y refiriéndose a I) dijo que después ordenaba.

Nos miramos sorprendidos y ciertamente ofendidos. "Vámonos", sugerí. "Sí", secundó. Pedimos la cuenta a la mesera y la llevó en la clásica charolita. Eran $40 de la ensalada y dejamos un billete con Morelos. De verdad yo estaba muy encabronado. No tanto por el hecho de que la mesera hubiera ignorado la orden, sino por la manera agresiva de responder. Así que busqué en las bolsas de mi pantalón, pero no encontré lo necesario. "¿Traes monedas de 10 centavos?", pregunté a I. Sonrió y buscó hasta encontrar dos monedas de diez y una de cinco centavos. Nos llevó el cajero la charolita con el vuelto, lo tomé, nos levantamos y dejé los 25 centavos. No salimos. La mesera nos siguió y en plena calle nos gritó:

-Oigan, se les olvidaron unas monedas.
-No, son tuyas, te las ganaste a pulso- respondí mostrando mi pulgar derecho en alto.
-Ah, órale- respondió entre ofendida y sin saber qué más decir.

Nos fuimos riendo. Terminamos comiendo en la taquería de la esquina, se llama "Los tres coyotes". Y los tacos no estarán de ensueño, pero el mesero nos atendió muy bien.

Imagen tomada de Google Street View
PD: Juro por la memoria de Leopold von Ranke que así es como esta historia realmente fue (wie es eigentlich gewesen ist).


* Solo la inicial para mantener oculta su identidad súper secreta.

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