jueves, 19 de diciembre de 2013

Estoy hasta la madre de la política que se hace en México

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Ya tiene más de un mes que publiqué mi más reciente texto en este mi blogcito oficial y de juguete. Y no es por abandono o algo por el estilo. Si les soy sincero, como que no me han dado ganas de escribir.

El contexto en que vivo se está poniendo cada vez más pinche desesperanzador. He querido abordar esas desesperanzas en este espacio, pero el encabronamiento y la rabia me ganan. Incluso ahora no sé cómo mencionar siquiera eso que me hace estar así. No sé cómo decirles que estoy hasta la madre de la política que se hace en México, que estoy harto de que el Estado venda los bienes que deberían ser destinados al beneficio público.

Miren, con las pinches reformas (la energética, la "educativa", la laboral), con el pinche aumento al pasaje del Metro (66% frente a 3.9% que aumentó el salario), con la pretensión de regular las manifestaciones (o sea, coartar la libertad de expresión), el panorama no pinta bien.

Estoy, lo que se dice, hasta la madre. Tanto, que ya me encabroné y no puedo continuar escribiendo acá. Lo siento.
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lunes, 16 de diciembre de 2013

Algunas fotos de "El Corazón de Latón" con Sicalipsis Cabaret

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam


Pues resulta que las morras de Sicalipsis (Jocelyn García y Hazel Hamdam) me invitaron a participar con ellas en su montaje titulado El Corazón de Latón. Dije que sí. Estas son unas fotos de las funciones dadas en Don Porfirio Caffe. Déjolas aquí para la posteridad:













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jueves, 28 de noviembre de 2013

Estúpidas Letras 33

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

En una feria en honor de san Judas Tadeo

Señalamiento en una colonia de Tlalpan

En la explanada de la delegación Benito Juárez

En el servicio de fotocopias de mi escuela

En un pueblo de Xochimilco

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sábado, 9 de noviembre de 2013

Leonas de Malinalco

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Como esa vez que fuimos a Malinalco. Subimos al sitio arqueológico y después de nosotros iban unos scouts.

¿Ves que hay un templo monolítico? Está chido. En la entrada tiene una lengua bífida de serpiente. A los lados de la entrada hay un par de esculturas felínicas. Lo más seguro es que sean jaguares. Adentro hay una banqueta circular con otras esculturas, de águilas y de un felino. El caso es que subimos para ver el interior de ese templo y una niña scout le preguntó a su guía, líder o como se llame:

—¿Esos son leones?
—No creo, no tienen melena. Deben ser leonas.
—¿Leonas?
—Sí. Entre los aztecas también habían mujeres guerreras.
—Ah.

Me cae de madres que así le dijo. Yo no sabía si reír o llorar.
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viernes, 8 de noviembre de 2013

La breve vida del Tahuantinsuyo*

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

* Comentarios sobre: Conrad Geoffrey W. y Arthur A. Demarest, "La expansión imperial inca", en Religión e imperio. Dinámica del expansionismo azteca e inca, Ed. Alianza, España, 1988

¿Cómo los incas lograron tener "un imperio que medía más de 4.300 kilómetros de una punta a otra" en un lapso de tiempo más pequeño que un siglo? Y, lo que me parece aún más interesante, ¿cómo es que este inmenso dominio se desmorona en tan poco tiempo? Estas parecen ser las preguntas que motivan a Conrad y Demarest en el capítulo titulado "La expansión imperial inca".

El éxito del modelo expansionista es explicado en función de un elemento cultural que los incas toman de Chimor, se trata de la herencia partida. Ésta a su vez se fundamenta en los derechos de propiedad de los muertos. A grandes rasgos se explica así: al morir el gobernante, su sucesor solo hereda el título mas no las propiedades, ni la tierra, ni la riqueza. Así, el sucesor del gobernante muerto se debe hacer de sus propias tierras, su propia riqueza. De esta manera es necesario controlar nuevas tierras para generar riqueza y para ejercer el poder, ya que, basándose en el principio de reciprocidad, quienes trabajaban para el aparato estatal debían recibir algún beneficio a cambio. Parte de las nuevas tierras serán conservadas por el sucesor al morir. Es más complicado de cómo lo estoy planteando.

Sin embargo, este mismo sistema de herencia partida propició que el Tahuantinsuyo colapsara al no estar en posibilidad de anexar nuevas tierras a sus dominios y al no ejercer un control efectivo por las enormes distancias y las limitaciones en la comunicación, entre otros aspectos, como el vacío de poder que se vive a la muerte de Huayna Cápac.

El texto de Conrad y Demarest es esclarecedor en cuanto a los motivos que propiciaron que en un pequeño periodo de tiempo, menos de cien años, las fronteras del Tahuantinsuyo se abrieran de tal forma. Nos lleva de la mano para poder comprender de una manera lógica por qué unos "pocos cientos de aventureros españoles" lograron someter a un territorio tan inmenso. En cierto modo, estos españoles llegaron al Tahuantinsuyo justo en el momento adecuado.
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viernes, 1 de noviembre de 2013

Tzompantli para el Día de Muertos

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam


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jueves, 24 de octubre de 2013

Estúpidas Letras 32

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

En una fonda en la delegación Tlalpan

En la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

En un muro de San Ángel

En una colonia del sur del DF

En la feria del elote en Topilejo

* * *

Y el pilón:
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jueves, 17 de octubre de 2013

Harto teatro

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

No, no se me ha olvidado que tengo un blog en el que escribo lo que se me antoja. Y sí, sí dejé de escribir con cierta regularidad. Lo siento.

Cambiando de tema. Estoy harto emocionado. Mañana viernes 18 será la tercera función de Las Impertinencias de la Muerte. Se trata de una obra de teatro cabaret para títere enamorado, escrita por Hortensia Martínez, y la estamos presentado en Don Porfirio Caffe. Narra lo que le acontece al ángel de la muerte cuando decide bajar al mundo y vivir como nosotros, con todo lo que eso implica, incluyendo las borracheras, las crudas, el enamoramiento, etc.

Y el sábado 19 volveremos a presentar La Retirada, después de medio año de no estar en escenarios. La presentaremos en el 1er Festival Cultural Cuicaxóchitl, allá en la hermana república de Tulyehualco. La verdad es que me da un poco de nerviosismo, no por retomar este montaje, sino por la crítica política que hace. En fin, espero que no nos vayan a linchar.

Este será un fin de semana ajetreado.

Actualización del 24 de octubre de 2013:

Miren nomás:
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miércoles, 16 de octubre de 2013

Sobre medidas, conceptos y demás salvajadas

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

No sé si en otros lados, pero acá en mi rancho (léase Ciudad de México), es demasiado común que en los cafés ofrezcan los tamaños de las bebidas con ciertos nombres, como "chico", "largo", etc. Pero bueno, eso a mí normalmente no me dice nada. Así que suelo preguntar de cuánto es cada tamaño, y a lo que me refiero con eso es a cuántos mililitros equivale la medida "chico" o "largo". Y sí, me desconcierta que me respondan en onzas y no en mililitros. Es decir, desde la primaria, la secundaria y en general en todo momento he sido preparado para medir el volumen ya sea en metros cúbicos o en litros. Y se supone que en nuestro país las medidas oficiales son las del Sistema Internacional de Unidades.

De repente con la banda teatrera se manejan ciertos conceptos que son, según yo, sumamente innecesarios. Y lo son porque se trata de voces anglosajonas que sí tienen equivalencia en castellano. De vez en vez oigo decir que el montaje es un work in progress, o que hay que mandar un book al director o al productor.

Con su permiso y sin él, yo me niego rotundamente a utilizar medidas, conceptos y demás salvajadas en mi hablar cotidiano cuando estas no son necesarias, cuando el idioma que hablo es tan rico que no necesita la implementación de barbarismos como los arriba mencionados. No, no es una cuestión de nacionalismos ni nada por el estilo, es que de verdad me gusta mucho mi idioma y mientras éste me provea de las palabras adecuadas para nombrar la realidad en la que vivo, no haré uso de las provenientes de otras lenguas.
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miércoles, 9 de octubre de 2013

Unos cuantos GIFs animados

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Son GIFs que he encontrado en la web y que me "hipnotizan" por su infinitud.

Iré subiendo más.
















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viernes, 13 de septiembre de 2013

Carta abierta de una maestra de Oaxaca, en resistencia en el Zócalo del DF

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Espero que quieran leer esto. Es una carta abierta de una maestra de Oaxaca, de la sección 22.

Digo, es solo por si quieren leer la otra versión de los hechos y no quedarse solo con lo que dice la tele y la radio comerciales.


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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Diálogo 13

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

—Hijo*, ¿estás comiendo o te estás haciendo güey?

—Creo que me estoy haciendo poquito güey.

* Tiene 5 años.
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jueves, 5 de septiembre de 2013

Cuando el cólera atacó a México o Lávate las manos*

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

–Papá1, ya vine. Sí le bajé al agua.
–¿Y te lavaste las manos?
–No. ¿Por qué?, ¿para qué?
–¿Cómo que por qué y para qué? A ver, te acompaño a que te laves y de paso te cuento una historia.

Hace mucho tiempo, a principios de los años 1800, la gente no se lavaba las manos antes de comer ni después de ir al baño. En México había unas fuentes públicas de donde todos tomaban el agua, ahí lavaban los trastes y dejaban que la suciedad se fuera al fondo, se bañaban los arrieros y bañaban también a sus mulas. Es más, hasta se orinaban en esas fuentes. Luego, un hombre que le decían aguador, llenaba unos cántaros y vendía esa agua en las casas. Ahí la usaban para preparar la comida, para beber, para lavarse. Pero esa agua estaba sucia aunque la gente creía que no.

En ese entonces los médicos aun no sabían exactamente cómo se enfermaban las personas. Algunos de ellos empezaban a creer que las enfermedades se contagiaban y que eso sucedía porque éstas viajaban en el agua y en el aire. Pero eso solo lo sabían los que estudiaban medicina y pocas personas más. Además, muy poca gente sabía leer así que aunque repartieran folletos, pues no servía de mucho.

Ahora imagínate que un bichito bien chiquito, que no se puede ver con los ojos, viajó desde muy lejos2 y entró a México. Este bichito se llama Vibrio cholerae y causa una enfermedad que conocemos como cólera. Provoca diarrea y luego deshidrata al enfermo hasta que se muere. El bichito se contagia a través del agua sucia o de cosas que se hayan lavado con esa agua.

En 1833 fue cuando pasó esto en México, el bichito llegó en los barcos que iban y venían de otros países para comprar y vender cosas. Miles de mexicanos se murieron por esta enfermedad. Empezaron a morirse primero los que vivían en los puertos y luego los que vivían en las ciudades y en el campo. Muchos de los que se murieron era gente que vivía en las zonas más pobres de las ciudades porque los ricos no iban a las fuentes públicas, tenían tomas de agua para ellos en sus casas. Cuando alguna enfermedad ataca a mucha gente se le llama epidemia.
Grabado del siglo XIX que muestra enfermos de cólera durante la gran epidemia de 1833 en una vivienda del entonces pueblo de Tacubaya, ahora parte de la ciudad de México.
Imagen de SuperMexicanos.com

A la gente le dio tanto miedo que se quedaba encerrada en sus casas. Los campesinos dejaron de ir al campo a trabajar la tierra. Esto provocó que no hubiera comida y por eso en Yucatán, por ejemplo, tuvieron que comprarle semillas a Estados Unidos.

Cuando la enfermedad se acercaba, la gente trataba de evitar que entrara en las ciudades. Cerraban los caminos, ponían en cuarentena a los navegantes, en suma, se trataban de aislar a las ciudades para que no se enfermara su población, y fueron las ciudades con mejores caminos las que más sufrieron por el cólera.

Entonces, para que esas cosas no vuelvan a pasar, se tuvieron que cambiar muchas costumbres. El presidente y los médicos pusieron muchas reglas. Para empezar le dijeron a la gente que si se enfermaba fueran con un médico y no con un curandero. Que la gente no se bañara ya en las fuentes públicas, que no defecara en la calle, que el agua fuera hervida antes de beberse. Y ahora también desinfectamos los alimentos como la lechuga.

Y no es nada más porque el presidente quiera mucho a la gente. Imagínate que otra vez llegara un bichito como el del cólera y que mucha gente se enfermara y que hubiera muchos contagiados. Los hospitales se llenarían de gente enferma pidiendo ser curada. Seguramente las medicinas que hay no alcanzarían para todos y entonces los hospitales tendrían que comprar más. Tendrían que gastar mucho dinero en curar a esa gente.

Si en aquella ocasión de 1833 la gente dejó de ir a trabajar en sus tierras por miedo a enfermarse, seguramente ahora dejarían de ir a sus trabajos. Entonces en las fábricas no habría gente produciendo cosas, en las escuelas no habría maestros enseñando ni niños aprendiendo, en las calles no habría gente por miedo. Y todo eso haría que no hubiera servicios como la luz o el teléfono o la tele. Y si la gente no trabajara, no ganaría dinero y no podría comprar cosas para comer. Y los que venden cosas para comer no tendrían a quién venderle nada.

Entonces, con todo este miedo a enfermarse, quizá habría gente que quiera abusar del miedo de los demás y les diría que con cosas mágicas podrían curarse, lo que no es cierto, nada más lo harían para quitarles su dinero. O aprovechando que habría poca gente se pondrían a robar o a hacer destrozos.

Si te fijas, lavarnos las manos es solo una cosa de las muchas que se deben hacer para evitar que te enfermes y que haya una epidemia. Y para que no sucedan más epidemias como esa del cólera, los médicos nos dicen cómo debemos asear nuestro cuerpo, nuestros alimentos y hasta nuestros utensilios. Nos dicen incluso qué cosas podemos comer y qué cosas no. Ah, y también dicen que solo ellos saben cómo evitar que la gente se enferme y cómo curarla cuando ya se enfermó (pero no son los únicos que saben de esas cosas).

Entonces, tener el cuidado de lavarnos las manos es bueno porque eso evita que nos enfermemos de cosas como el cólera. Y también es bueno porque así podemos evitar que haya contagio a muchas personas. Eso también evita que se gaste demasiado en medicinas, en curar a enfermos, en pagar a policías para que no haya destrozos. Y también se evitan las pérdidas por falta de gente que trabaje. Te conviene a ti, le conviene a la demás gente y también le conviene al gobierno.


* Ensayo basado en "Cólera: mortalidad y propagación en la península de Yucatán, 1833-1834" de Carlos Alcalá Ferráez, publicado en Letras Históricas No. 7, Otoño – Invierno 2012, pp. 115-141. Disponible en [http://www.publicaciones.cucsh.udg.mx/pperiod/Lhistoricas/pdfs/vol7/e5.pdf] (Consultado el 03 de septiembre de 2013)
1 Este texto lo escribí para explicarle a mi hijo, quien tiene 5 años de edad, la importancia de lavarse bien las manos.
2 Según Alcalá Ferráez "el cólera era una enfermedad endémica en la India hasta 1817", p. 115.



Actualización de 9 de julio de 2014:

Se me ocurrió subirlo a ISSUU para probar esa web:

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martes, 3 de septiembre de 2013

Veintisiete

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

:D

El domingo cumplí un año más de vida. Y desde acá va un abrazo de agradecimiento a quienes se acordaron y me dijeron felicidades, aunque no todos visiten mi blog, me vale.

Por cierto, es el quinto cumpleaños que vivo desde que tengo este blog. Como dicen, no hay quinto malo.

Cfr. Cempohualli huan chicoace, 1/4 de siglo, ¡24!, 23 vueltas alrededor del sol
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jueves, 29 de agosto de 2013

Apuntes sobre "La identidad nacional. Entre la patria y la nación: México, siglo XIX", de Catherine Héau-Lambert y Enrique Rajchenberg S.

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Nota aclaratoria: El presente es un texto mío, escrito para comentar el artículo "La identidad nacional. Entre la patria y la nación: México, siglo XIX", que publicaron Catherine Héau-Lambert y Enrique Rajchenberg S. en la revista Cultura y Representaciones Sociales.*

Hagámonos una pregunta básica: ¿qué entendía la sociedad mexicana del siglo diecinueve como México? Esta parece ser la pregunta que detona el texto de Héau-Lamber y Rajchenberg. Claro que para buscar una respuesta a este cuestionamiento básico se deben aclarar otros aspectos. Por ejemplo, ¿qué es México, una patria o una nación?, ¿existe diferencia entre patria y nación? Y bueno, hay que darle un toque que provoque la curiosidad en el lector, algo que lo confronte con lo que supone saber acerca del periodo a estudiar, así se proponen responder a ¿por qué Benito Juárez, indudable patriota, firmó un tratado, el McLane-Ocampo[1], por demás beneficioso para los Estados Unidos y perjudicial para México?

En general, la diferencia que los autores proponen entre el concepto de patria y el de nación es que el primero se refiere a la tierra en la que nace un individuo y a la que por razones afectivas se siente adscrito, ligado. Es decir, un sujeto que ama a su tierra está manifestando el amor por su patria, por el lugar de donde son sus ancestros y de donde él mismo es. Por otro lado, la nación es más bien un proyecto político que una cuestión de amor a la tierra, y por lo tanto es un concepto muy posterior al de patria.

A lo largo del artículo defienden la idea de que el norte siempre fue considerado como una parte ajena a la patria mexicana. Desde la fundación de Tenochtitlan, durante la Nueva España y en el siglo XIX esta zona es diferente, no forma parte de lo que se considera mexicano. Esta forma de ver el norte, esta manera de imaginarlo es la que, a decir de Héau-Lamber y Rajchenberg, sustenta el hecho de que muchos políticos mexicanos del XIX hayan considerado viable ceder, o vender grandes extensiones de territorio al vecino expansionista del norte. Esto, al mismo tiempo, explica por qué López de Santa Ana vendió más de la mitad del territorio original de la nación mexicana.

Pero, ¿a qué se debe que se considere ajeno al norte del naciente país? Según el texto, existe una idea de norte agreste y nada productivo, con poca población y nada acostumbrada al trabajo regular, constante, y por lo tanto nada aprovechable para el trabajo en haciendas, minas, etc. Esta idea es la que permite que el presidente Juárez haya firmado sin aspavientos el mencionado tratado.

Ahora bien, si tanto el norte como el sur eran considerados ajenos a la patria mexicana, y si el norte lo era por su lejanía y por su población poco aprovechable para el trabajo, ¿qué razones habría para que el sur, desde el Istmo de Tehuantepec, se considerara fuera de la concepción de patria? Poco se habla al respecto, se menciona solamente que se debe a la abundante vegetación de la zona, pero no se indica la imagen del sur que existe en el ideario nacional.

Veamos, los autores dividen el territorio mexicano decimonónico en tres partes, norte, centro y sur. Proponen que lo que se entiende por patria es lo que después es conceptualizado como Mesoamérica, mientras que la zona árida del norte no es tomada en cuenta como parte de la patria. Sin embargo no consideran a la totalidad mesoamericana, sino que la cortan, como ya se ha dicho, a la altura del Istmo de Tehuantepec. Argumentan que tanto el norte como el sur resultan inhóspitos para los habitantes de la zona central: el norte por desértico y el sur por exuberantemente selvático.

Aquí tal vez sea preciso considerar que, tal y como lo menciona el artículo, es a partir de Clavijero que se trata de ligar históricamente a la población criolla del siglo XIX con los conquistados mexicah. Y si se entiende luego que el mito fundacional de la nación mexicana reside en un solo grupo indígena, como también lo dice el texto, se puede entender por qué el sur, espacio propio de los grupos mayas, no se considera parte de la patria, ya que esta región no figuraba en los dominios de los mexicah al momento de la llegada de los europeos y era, por lo tanto, un espacio político y cultural separado del poder ejercido desde el Anáhuac. Este mismo anclaje ideológico en la historia de los mexicah sustenta, afianza la idea de la separación entre el centro de la nación mexicana y el norte de la misma. Recordemos que, para la gente de Tenochtitlan, los pobladores del desierto eran todos chichimecas (un adjetivo por demás denigrante), eran bárbaros, salvajes y ajenos a la civilización.

México es entonces una patria más que una nación y sus límites geográficos coinciden más o menos con los que tenían los mexicah antes de que llegaran los europeos. Es este sentimiento patriótico ligado solo al centro del país el que le permite a Juárez firmar el McLane-Ocampo que, si nos fijamos detenidamente, no atentaba realmente contra la integridad del territorio considerado como auténticamente mexicano.


* Artículo disponible en http://www.culturayrs.org.mx/Revista/num4/Rajheau.html (Consultado el 29/08/2013)
[1] El tratado se firma en 1859, "en sus cláusulas se establece el derecho de tránsito a perpetuidad de mercancías y personas del vecino del norte entre dos puntos que unen el Golfo de México y el Pacífico —Matamoros y Mazatlán—, y en el sur, por el Istmo de Tehuantepec", así mismo incluye "una cláusula que autoriza a los Estados Unidos intervenir militarmente si en dichas rutas se presenta una amenaza para el libre tránsito." p. 44
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martes, 27 de agosto de 2013

Estúpidas Letras 31

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Hace mucho que no posteo Estúpidas Letras...

Camioneta estacionada en las afueras de Médica Sur


Lona en Tepepan

Anuncio en Milpa Alta


Aviso en mi trabajo


Una lista de útiles escolares

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