jueves, 17 de enero de 2013

Puras porquerías

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Hechos
Iba en la micro rumbo a la calzada de Tlalpan. En el asiento trasero iba sentada una familia: papá, hijo y mamá. Morenos los tres y con evidentes problemas de sobrepeso.

El microbusero, por extraño que parezca, no llevaba música a todo volumen. Sin embargo el mocoso, de unos 10 u 11 años a lo mucho, insistía en poner música en su celular al máximo volumen posible. Ponía reguetones, no sé de quién, pero la voz sonaba como la del mismo que canta esa [sarcasmo]bonita melodía que dice "si no le contesto se desespera, piensa que con otra estoy"[/sarcasmo].

En un par de ocasiones la madre le llamó la atención y le exigió que le bajara volumen a su escándalo. Se lo dijo de una manera calmada y le garantizó que, de hacer caso, podría escuchar su música a gusto apenas llegaran a casa. El niño le daba play a su música y miraba retadoramente a su progenitora. El padre solo veía de reojo la escena, como quien no se quiere enterar.

Total, que un par de cuadras antes de bajarme, la madre le quitó el celular al chamaco y lo apagó. El infante repeló y cuestionó a su madre acerca de los motivos de tan agresiva acción:

–¡Mamá! ¡¿Por qué?!
–Pues porque nomás estás poniendo puras porquerías.

Juicios de valor
Mal por el microbusero. De haber llevado música a todo volumen esta "escenita" pudo haberse evitado.

Bien por la madre. A mi parecer tiene un buen gusto musical y trata de inculcárselo a su mocoso.

Bien por el mocoso. Aunque tiene un gusto musical de la chingada, otra vez a mi parecer, defiende su sacrosanto derecho a provocar la putrefacción de sus oídos como mejor le plazca.

¿El padre? Pincheeeeeeee... putooooooooooo.

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