jueves, 29 de octubre de 2015

Noches de Leyenda, en el Museo de Cera

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Tomada de www.museodecera.com.mx
El Museo de Cera, ubicado en una casona de la colonia Juárez, presenta un espectáculo "de terror con leyendas y actores en vivo". Las funciones son los días 29, 30 y 31 de octubre, y 1 de noviembre de este 2015.

La idea es estupenda: recorrer un edificio con más de 100 años de antigüedad mientras actores profesionales representan leyendas ad hoc para las celebraciones de Halloween-Día de Muertos. [1]

Ayer tuvimos la oportunidad de presenciar una función de pre-estreno, gracias a la invitación que amablemente nos hizo H. Muchas gracias, colega. Nos citó a las 7, pero por el caos del tráfico y esas cosas, llegamos a las 7:30 pm.

El espectáculo está pensado como un recorrido, al caminar por la casona se va accediendo a las salas que son usadas como escenario para cada una de las leyendas. Me parece genial el poder usar al museo como un gran teatro y que incluso las estatuas de cera se aprovechen para crear un ambiente idóneo. Las salas ayudan muy bien en la ambientación para las leyendas contadas. Los actores estuvieron excelentes en sus papeles, de verdad que se merecen mi admiración y respetos.

En cuanto a la producción puedo decir que, como dice el señor Hammond refiriéndose a su parque de dinosaurios, no se escatimó en gastos. Las caracterizaciones estuvieron geniales, los efectos sonoros, la utilería, en fin, todo esto estuvo genial. E, insisto, me encantó la idea de aprovechar al máximo al museo para este montaje.

Hubo cosas que no me gustaron. El guion, por ejemplo. Asistir a un show que en el título promete presentar leyendas y que no todas las historias contadas lo sean, no está padre. Algunas de las escenas se quedaban en anécdota o no se entendía porqué se trataba de una leyenda. Un par de ellas, incluso, carecía de una historia qué contar. Aun así, déjenme decirles que la leyenda de El Charro Negro y la de la Dama de Negro están estupendas. Pienso también que faltó una especie de anfitrión que sirviera para guiar a los visitantes entre una escena y otra y, al mismo tiempo, le diera una especie de continuidad al espectáculo. Y, así como a la entrada nos recibió un fauno, en la salida hace falta que otro ser nos dé la despedida. Sería un bonito detalle.

Así que si tú eres asustadizo y te gusta el terror y sientes un gran placer cuando te espantan, ve a las Noches de Leyenda. Como casa de sustos cumple cabalmente con su propósito. De verdad que me gustó ver las caras de miedo entre el público. Aunque si buscas un espectáculo que muestre leyendas terroríficas, pues también ve, pero no te saques de onda si no todas las escenas cuentan leyendas.

[1] Así, juntas, porque por muy puritanos de las tradiciones que pretendamos ser, en realidad nos sumamos a ambas celebraciones. Y, desde mi postura de antropólogo (uyuyuy, eh) no le veo nada de malo… creo que debo hace un post al respecto.
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viernes, 23 de octubre de 2015

Par de Asses - El Africano

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

El 23 de abril de 2013 (se oye tan lejano), Ondina y yo, Kazbam, lanzamos al mundo nuestro programa radiofónico, al que bautizamos como OK Chou. Acá está el blog que le hicimos y donde aún pueden darle play a nuestras transmisiones, que solo fueron 9.

Recuerdo muy bien que antes de decidir hacer un programa de radio queríamos hacer una especie de talk show. Pensábamos ponerle varias secciones y una de ellas sería de sketches humorísticos.

Evidentemente no llevamos a cabo nuestro plan para dominar el mundo a través de ese tal chou, sin embargo realizamos la grabación de un "piloto" de sketch.

Hoy se los comparto. Considérenlo una especie de documento histórico:

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jueves, 22 de octubre de 2015

Carmín Tropical, o Una historia de muxes que se entiende perfectamente sin muxes.

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Foto tomada de Milenio.com
Hace una semana más o menos que fuimos I, T, G y yo a ver Carmín Tropical, que es un filme ficcional de Rigoberto Pérezcano. Las sinopsis y los artículos que hablan de la cinta comentan que relata la historia de Mabel (José Pecina), muxe, quien había salido de Juchitán, Oaxaca y vuelve solamente para averiguar quién asesinó a su mejor amiga Darina (Juan Carlos Medellín), también muxe.

La narración parece en algunos momentos un falso documental. Acompaña a Mabel en sus pesquisas, recorriendo el pueblo desde el centro nocturno donde trabajaba Darina antes de ser asesinada hasta la jefatura de policía y la cárcel donde permanece encerrado el presunto culpable. En el transcurso de su investigación conoce a Modesto (Luis Alberti), un taxista que termina siendo su chofer personal. La relación entre Mabel y Modesto se torna cada vez más íntima hasta que parece haber un enamoramiento entre estos personajes.

El ritmo es lento la primera mitad, después mejoró un poco, pero solo un poco. La fotografía es buena y los paisajes juchitecos son la pura hermosura. La actuación de José Pecina me pareció simplemente genial. Luis Alberti no me convenció del todo.

Ahora bien, según el título que le di a este post, la trama de la película puede prescindir perfectamente el elemento muxe. La historia pudo haberle permitido a Pérezcano abordar un poco más el tema de la identidad de género en Juchitán. Se menciona tangencialmente la función de los muxes en la familia juchiteca: son quienes acompañan a los papás en la vejez. Sin embargo no se dan más detalles de lo que es un muxe.

Se les trata como homosexuales, y si nos atenemos a la definición estricta, un homosexual es quien siente atracción sexual hacia un integrante del mismo género al que pertenece. Los muxes no son hombres atraídos sexualmente por otros hombres. Se trata de varones que asumen algunos de los espacios sociales, económicos y políticos tradicionalmente ligados a las mujeres y que viven su día a día dentro de estos confines sociales. Sí, cierto es que muchos varones juchitecos tienen sus primeras experiencias sexuales con muxes, pero esto, estrictamente, no sería una práctica homosexual, ya que el muxe no está adscrito al género masculino, es muxe. Es decir que allá en las tierras juchitecas hay tres géneros visibles: mujeres, hombres y muxes. Lo anterior es apenas mencionado en un diálogo de la película (cuando Mabel está de visita en la cárcel).

La historia de Mabel, Modesto y Darina puede ser perfectamente contada y entendida sin muxes y colocando en su lugar a mujeres. En realidad no se consideraron las especificidades características y propias de este tercer género.

Al salir de sala y en los clásicos intercambios verbales post-proyeccionales, hubo ciertas insatisfacciones entre quienes fuimos a verla. G no entendió bien qué es un muxe. I consideró que los muxes fueron un pretexto mal utilizado para la creación de este thriller. T argumentó que la cinta es hiperrealista (locaciones, ritmo) y apuntó que aunque sea un pretexto, al menos servirá para que la gente sepa que existen los muxes. Y yo insistí en la lentitud de la primera parte de la cinta.

Pero en fin, creo que a los críticos de cine les pareció muy buena, ya que ganó el premio a Mejor Largometraje Mexicano en el Festival Internacional de Cine de Morelia.
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lunes, 19 de octubre de 2015

De la expo a la feria

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Habíamos postergado la visita a dos eventos que prometían ser buenos, pero ayer fuimos a dar el rol.

Estábamos en Ermita y tuvimos la suerte de que nos dieran un aventón hasta Bellas Artes. De lujo, ¿no? De ahí nos fuimos caminando a la Expo Reforma, que está cerca del metro Juárez. En ese lugar se llevó a cabo la Expo de los Pueblos Indígenas. Esta expo la organiza la CDI y es un intento por congregar a los indígenas artesanos y oferentes de servicios, tales como la medicina tradicional, el turismo que le dicen alternativo y cosas por el estilo.

No estuvo chida. Había un orden muy extraño de los stands, poca o nula información al público respecto a lo que se podría hallar en los diferentes espacios de la expo. Y los de seguridad eran más que groseros con la gente. En cuanto a los productos y servicios ofertados he de decir que sí había cosas bastante chidas. Había expositores de (casi) todos los estados, ergo, se podían hallar un cantidad enorme de productos. En cuanto a precios, pues había unos que sí estaban más baratos y otros que se ofrecían al doble. Había de todo, pues.

Dado que en el momento en el que visitamos la expo se llevaba a cabo la representación de la guelaguetza en el tercer piso, y considerando que no podíamos entrar sin boleto (mismo que se daba gratuitamente en planta baja), decidimos retirarnos del lugar.

De ahí nos fuimos caminando al Zócalo, no sin antes andar de mirones por la calle de las lámparas, el barrio… la calle china y demás minizonas atractivas del centro de la ciudad. Al fin llegamos a la XV Feria Internacional del Libro en el Zócalo. Es una cosa monstruosa. Cientos de editoriales. Un chingo de foros, bueno, nomás seis. Y un mar de gente. Anduvimos paseándonos entre los stands y, dado que no hallábamos los libros que buscábamos, nos detuvimos a comernos unas doraditas clandestinas.

Y, por si se lo preguntan, no hallamos libros de Jorge Ibargüengoitia. La editorial que lo publica, Joaquín Mortiz, no fue. Tampoco uno que trata de las enfermedades de los monstruos. De ese no conocemos ni autor ni editorial, estaba más que cabrón hallarlo.

Afortunadamente íbamos pasando al lado de una combi amarilla adaptada como foro, que si mal no recuerdo se hizo llamar Foro La Chula, cuando se anunció que daría lectura de sus poemas Genaro Patraka. Y como ese fulano sí me gusta cómo escribe poesía, pues nos quedamos a escucharlo. Fue una agradable coincidencia. Después de escucharlo nos retiramos, ya era algo tarde.

Estuvo cansada la caminata por el centro, pero valió la pena visitar ambos eventos.
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viernes, 9 de octubre de 2015

Elementos de la @policiadf violan descaradamente el artículo 16 de la CPEUM

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

El artículo 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dice en su párrafo primero:
Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento. [1]
Caso 1.

Iba caminando por una de las pocas avenidas que conectan a la hermana ciudad patrimonio de la humanidad de Xochimilco. No pasaban de las 5 pm. Cargaba a mis espaldas mi mochila, vestía pantalón de mezclilla azul y playera negra con cuello redondo. Calzaba botas industriales color miel. Andaba algo soñoliento ya que me había bajado medio dormido del microbús, se me pasó la parada (no me vayan a alburear, eh).

En una esquina donde pretendía dar vuelta para continuar mi camino me piden que me detenga dos policías, una mujer y un hombre. Uno de ellos hablaba por radio y confirmaba la orden recibida. Yo me detuve ante la solicitud de los uniformados.
–Joven, ¿se puede identificar, por favor?– me dijo el policía.
–¿Perdón? ¿Necesito identificarme para hacer uso de la vía pública?
–Mire joven, lo que pasa es que los locatarios dieron aviso a la autoridad de que un individuo andaba merodeando por la zona– me dijo la policía.
–Ajá, ya veo. ¿Cuál fue la descripción de los locatarios?
–Pues pantalón de mezclilla y playera negra.
–O sea, algo así como el sesenta por ciento de los transeúntes, ¿cierto?
Para no hacer el cuento largo, insistieron en que me identificara. Accedí solo con la condición de que ellos antes lo hicieran y, claro, tomé nota de sus nombres. (No me los pidan, perdí el papelito donde los anoté.)

Después me pidieron revisar mis pertenencias y dijeron que lo harían frente a la cámara de vigilancia instalada en la calle por el GDF para que no hubiera temores o malos entendidos. Obviamente les dije que ellos no podían hacer eso, argumentando que la constitución especifica que para revisar mis pertenencias deben tener una orden firmada por un juez. Notificaron por radio que me estaba negando a la revisión. Les corregí, no me estaba negando, estaba pidiendo que me mostraran antes la orden firmada por el juez o que, en su defecto, demostraran que me habían visto en flagrante comisión de delito.

Volvieron a notificar por radio mi negativa y mi referencia a nuestra carta magna. Algo se dijo desde el otro lado de la comunicación y el policía asentó. Me dijo que me fuera, pero que procediera con precaución. ¿Me está usted amenazando, señor oficial?, pregunté. Sonrió, al parecer burlonamente, y me dio las buenas tardes. Seguí mi camino.

Caso 2.

Salí noche de la casa de mi novia, como a las dos de la mañana. Eran días de fiesta en el pueblo de al lado. Para llegar a mi casa debo caminar unos 900 metros hasta la base de taxis. Faltando unos 150 para llegar a donde se hallan los vehículos de transporte público personalizado, se me acercó una patrulla, prendió su torreta y el copiloto me pidió que detuviera mi andar.

Éste policía descendió de la patrulla y habiéndome saludado me preguntó a dónde me dirigía. A la base de taxis, respondí. ¿De dónde viene?, me interrogó. De casa de mi novia. ¿Y por qué a estas horas? Porque no hay toque de queda. ¿Es usted vecino de la zona? Si vengo de casa de mi novia, y voy para la base de taxis... no, no soy vecino de la zona. ¿Dónde vive usted?, prosiguió con el interrogatorio. En casa de mis papás, le dije con una sonrisa.
–Mire joven, vamos a proceder a revisar su mochila, si nos hace favor.
–Claro, ¿me muestra la orden firmada por el juez en la que se especifique mi nombre y el motivo por el cual se hará la revisión de mis pertenencias?
–No joven, eso es para cuando se hacen cateos de casas.
–No señor. Usted tiene que tener una orden firmada por un juez para poder revisar mis cosas.
Así más o menos siguió la conversación como por otros diez minutos. Le dije que más bien él estaba presuponiendo que yo iba a cometer un delito por caminar a las dos de la mañana y que a menos que me hubieran visto en flagrante comisión de algún delito, no podían ni revisar mis cosas ni molestarme. El oficial me dijo que entonces fuéramos ante un juez. Yo accedí, pero le dije que me diera la dirección del Ministerio Público y que yo iría en taxi, ya que no pensaba subirme a su patrulla a menos que tuviera una orden de arresto.

Creo que eso desesperó al policía que manejaba el vehículo, ya que en ese momento salió. Se presentó, quiso ser amable, y trató de defender el proceder de su compañero. Dijo que lo que hacían era para prevenir la comisión de delitos. Le pregunté por qué estaba suponiendo que yo podía cometer uno, no supo responder. Me pidió cooperar y dejar que revisaran mis cosas. Le dije que no, que sin orden de un juez nomás no se iba a poder. Aproveché para decirle que se estaba extralimitando en sus funciones como policía ya que hacer revisiones como la que me estaba solicitando no les es permitido, eso lo hizo enojar.

Al cabo de otros diez minutos desistieron de su intento, abordaron la unidad y me dijeron que continuara caminando.

[1] http://info4.juridicas.unam.mx/ijure/fed/9/17.htm?s
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