jueves, 22 de enero de 2009

¡¡¡No a las corridas de toros!!!

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

El próximo 5 de febrero, la Plaza de Toros México cumplirá 63 años de que abrió sus puertas. 63 años de torturas y asesinatos innecesarios. De "demostraciones de valor" de los toreros.

En verdad esta "fiesta" me da asco. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI se siga celebrando la tortura y el asesinato al pleno estilo del pan y circo de los romanos?

Dicen los que lo apoyan que es un arte, pero en mi experiencia con el arte (haciendo teatro, música, performance, artística plástica, etc.) me he percatado que el arte crea, da vida. El toreo destruye y mata. ¿Cómo esto puede ser arte? Si esto es arte, entonces también lo es la picana, la ablación de los pies con fuego, la doncella de hierro, y tantas otras cosillas emanadas de la ilustre imaginación de Dominicos, chinos, militares, etcétera.

Dicen los que apoyan a la tauromaquia que "el toro no sufre". ¿Cómo no va a sufrir? Si cuando una mosca se le pone encima éste la espanta al instante con su cola, orejas, etc. O sea, siente. Por lo tanto, sufre. Dicen que "muere dignamente". La "dignidad" es un concepto inventado por el ser humano. El toro vive o muere, nada más.

Me parece una falta de humanidad el hecho de celebrar la tortura y el asesinato. Y para colmo, lo transmiten por TV. ¿Cómo es posible que un canal cultural como el Canal Once del IPN transmita un programa especialmente dedicado a esta barbarie?

Igualdad Animal realiza una protesta contra la
tauromaquia en Sevilla. Imagen tomada de www.lahaine.org
Me gustaría que los que dicen que es un deporte leyeran la definición que da la RAE: "Actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas." Veamos: ¿Actividad física? Sí. ¿Juego? No, para nada. ¿Competición? Esto dice la RAE de Competición: "Competencia o rivalidad de quienes se disputan una misma cosa o la pretenden." ¿Qué sería esa misma cosa que disputan o pretenden el toro y el torero? El torero (iba a decirle "payaso", pero no quiero insultar a estos promotores de la risa y la felicidad de los niños) quiere lucirse y hacer mostrar su hombría y valor (sí, cómo no), el toro quiere salir de ese lugar (al que lo llevaron a la fuerza y a morir). Entonces no hay competición. ¿Supone entrnamiento y sujeción a reglas? A lo mucho el torero, porque al toro no lo entrenan, es más, le liman los cuernos para disminuir los riesgos, le dan agua con azufre para provocarle diarreas, le ponen grasa en los ojos para que no vea bien, lo encierran en un lugar totalmente oscuro para que, al salir a la arena, el sol lo deslumber y no sepa qué hacer, en fin: lo "preparan". ¿En qué quedamos? ¿No que la intención era mostrar el valor del torero?

Dice Mahatma Gandhi que "la grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la forma en que son tratados sus animales". Entonces, ¿qué tan grandes son México, España, y tantas naciones hispanoamericanas que practican, celebran y promueven la tauromaquia?

Por favor, por amor a la vida, nunca vayas, ni promuevas, ni seas indiferente con la tauromaquia. No te hagas de la vista gorda con el argumento de la tolerancia. Ante el asesinato y la tortura no se debe ser tolerante. ¿O acaso lo serías con los feminicidios de Juárez, Edomex, etc.? ¿Serías tolerante con los torturadores? Por favor, no eduques a tus hijos con tauromaquia ni violencia innecesaria.

Dile a tus amigos que ni se acerquen a la plaza de toros. Es más, únete a las manifestaciones en contra de las salvajes prácticas de los toreros. No colabores con este juego de dementes.

Aquí te dejo estos links, de donde obtuve información:
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miércoles, 21 de enero de 2009

Sin darse cuenta

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

—Güey, no mames, maneja más despacio que sí da miedo.
—Mis güebos que, yo manejo como se me hincha la puta gana cabrón.
—Güey, pero mira al frente por lo menos.
—Oh chingá, ya cállate, pareces marica, pinche puñal, la neta.
—Puñal, pero no pendejo— finalmente hubo un lapso de silencio.

Iban en un vocho modificado y más rápido que la chingada misma, y mira que la chingada es rápida. Cada vez que rebasaban a algún otro carro Jorge sentía que le sudaba, y es que realmente le sudaba.

De pronto el asfalto se acabó, pero el vocho siguió como si nada, sin perder la velocidad que había alcanzado.

—Cabrón, nos vamos a matar si no le bajas.
—Cierra ya tu pinche hocico, ya me hartastes cabrón, y mejor cállate si no quieres que te lleve la verga— dijo Paco sosteniendo una pistola a la altura de la sien de Jorge.

Entraron a una zona en construcción, un puente, que cruzaría aquella barranca, aún incloncuso. Una carretilla mal acomodada sorprende a Paco, que desesperadamente gira el volante, el vochito da una, dos, tres y muchas vueltas más antes de caer aparatosamente como a doce metros debajo de aquel puente, luego el vocho se ve envuelto en una nube de fuego enorme, como si fuera una película joligudense.

Después hay una tremenda calma, mucho silencio, mucha paz. Jorge está tirado al lado de un espino; Paco, cerca de una piedrototota.

—Oye Paco, Paco, contesta güey.
—Oh, no estés chingando— contesta Paco con voz adormilada.

Después de un rato los dos se ponen de pie y sienten un poco de calor, también ven cómo se incendia el carro. Oyen la sirena de una patrulla, después la de una ambulancia. Por aquella barranca ven bajar mucha gente que va como buscando algo, que va como al chisme.

Todos se dirigen al incendio, unos bomberos lo tratan de apagar. Un paramédico busca sobrevivientes. Una joven grita horrorizada. Una señora se persigna. Un niño pregunta por qué. Un papá le contesta, pero también pregunta por qué.

—Oye Paco, ¿qué hace toda esa gente?
—¿Y yo cómo chingada madre voy a saber? Si quieres ve a fijarte.
—Bueno, voy a ver.

Jorge se acerca a donde está la bola de gente. Un cuerpo negro por el hollín es sacado a jalones, mientras otro similar es recostado en el suelo. Ambos cuerpos humean incesantemente. Un policía toma nota de todo lo que ocurre. Jorge se acerca a uno de los bomberos para preguntarle qué pasó, pero el bombero no se percata de su presencia y entonces se dirige a otro de los concurrentes.

—Disculpe, señorita, hey, ¿me escucha? Señorita, ¿qué está sorda o qué le pasa?, hey, péleme— voltea a ver a Paco y se excusa con él.
—Pinche pendejo, pues vuelve a preguntar, no seas güey.
—Cámara— luego de decir esto se dirige al policía del cuaderno de notas— hey, poli, poli te estoy hablando, no te hagas güey pinche poli, ¡contéstame pinche puerco pendejo!
—Ja, nadie te hace caso cabrón— burlonamente comenta Paco.
—Mira Paco, ese güey se parece a ti, pero nada más que él está más prietito—dice Jorge señalando al cuerpo que está recostado.
—No digas mamadas cabrón.
—Neto güey, es en serio, si quieres fíjate. Y creo que está muerto.

El policía verifica si sobrevivió alguna identificación dentro de las carteras quemadas. Al sacarlas y tratar de leer sobre el plástico achicharrado de las credenciales del IFE descifra los nombres de los finados: Jorge Higueras Sosa y Francisco Ramírez Ibarra. Jorge lee los apuntes del oficial.

—Chale, qué pedo, son nuestros nombres— se nota algo asustado, le tiemblan las piernas y la voz, siente que se mea, se mea.
—¿Y eso qué?, imbécil.
—Pues que es el reporte del poli y allí dice... finados.
—No mames— la voz de Paco está temblando.

Se ven fijamente a los ojos como dudándolo y poco a poco los dos se desvanecen.

Carlos Salvador Basaldua Mendoza
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El Duende

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Para Adrián

El duende salió de abajo del árbol, salió acompañado por otros dos duendes. Se dirigían al lugar de la reunión, se les había hecho tarde y por eso iban corriendo. Uno de ellos se tropezó e hizo que los demás se detuvieran a esperarlo, en ese momento fue cuando yo los vi y cuando ellos me vieron. Sus ojos se notaban algo exaltados. Trataban de darme miedo, pero no pudieron. Entonces empezaron a gritar y a moverse chistoso. Yo, como buen humano ignorante que soy, no sabía qué diantres estaban haciendo, así que, como buen humano chismoso y metiche que soy, esperé para ver qué cosa iba a pasar, qué estaban haciendo.

Ahora sé que no debí hacer eso, una gran masa de duendes se descargó contra mí, me amarraron, me secuestraron, me llevaron a un lugar para mí desconocido. La verdad es que estaba tan atemorizado, como buen humano cobarde que soy, que no puse mucha atención al lugar, sino a cómo demonios iba a salir de ese enredo en que me había metido. Traté de entablar una conversación con uno de ellos, pero no me hizo caso. Pero yo, como buen humano terco que soy, insistí con no sé cuántos más hasta que uno de ellos me dirigió por fin la palabra. Sólo que no fue muy amable, de hecho me amenazó muy agresivamente. Me dijo que me callara si no quería tener problemas más grandes que los que ya tenía. Así por las buenas sí me quedé callado.

No sé cuánto tiempo pasó desde que me amenazó hasta el momento en que, grosera e incivilizadamente, comenzó a arrojar proyectiles hacia mi persona humana. Al principio eran piedritas como esas que solemos tirar a las ventanas para que nos abran la puerta de la casa, pero luego fueron creciendo hasta ser más o menos del doble de mi puño cerrado. Me percaté de que estaba yo solo con ese duende roqueador, y que no podía estar en situación peor. La realidad se impone ante la especulación, todo empeoró.

Luego de unos cuantos minutos el duende se fue y me quedé solo, solo en quién sabe qué lugar, cerca de quién sabe qué, y, por si esto fuera poco, amarrado de pies y manos, y con el miedo que le tengo a la soledad eso era lo peor que me podía pasar. No cabe duda que ese no era mi día, o noche, o tarde, o lo que fuera. Aproveché el tiempo que estuve solo para razonar sobre ciertos problemas filosóficos que no me dejaban en paz: cómo descubrir el verdadero sentido de la vida, ¿la vida tiene un sentido?, ¿qué es la vida?, cómo poder mejorar mi memoria, qué excusa creíble poner en el trabajo por mi ausencia, ¿cuántas manchas tiene en promedio un leopardo?, ¿por qué la gallina cruzó el camino?, ¿no será que el camino cruzó a la gallina?, y otras cosas de menor importancia.

Total que después de muchas teorías filosóficas repasadas se aparecieron de nuevo los duendes, sólo que esta vez eran muchísimos más y venían con cara de mal humor. Entonces yo, como buen humano inoportuno y sonso que soy, pregunté al duende roqueador qué estaba pasando. Ahora sé que no debí hacer eso pues me gané la roqueada más agresiva de mi humana vida, entre todos me roquearon. Yo digo que es injusto que tantos duendes se pongan contra solo un humano, porque eso soy, solo un humano, humano.

El caso es que luego de la roqueada decidí cerrar la boca. Bueno, de hecho no fue decisión mía, pues uno de ellos ordenó me amordazaran para que no dijera estupideces, así lo dijo: estupideces. Yo, como buen humano orgulloso que soy, me enojé-indigné demasiado y patalee y traté de gritar y trate de reclamar y ocasioné un reverendo desorden y por eso me confinaron en un lugar feo, reducido y oscuro. Y yo, como buen humano chillón que soy, me puse a chillar. Uno me oyó y me fue a ver, por fin, uno con sentimientos nobles, pensé. Nomás me vio y se echó a reír. Ojete. Me puse más triste.

Pasó algún tiempo, y me sacaron de ese lugar. Por cierto, mi noción del tiempo ya había quedado atrofiada. Me llevaron a donde en un principio estaba. Todos, uno por uno, pasaron a verme, me veían a los ojos, veían mis facciones, mis extremidades, me veían como calificándome, realmente me calificaban. Pasaron todos y luego uno de ellos dijo algo que yo no entendí en ese momento, pero que ahora sí entiendo y que no les voy a decir porque no quiero. Yo tenía que recibir un castigo por haberlos visto, por haberlos hecho enojar. Y el castigo para mí, el humano que por curioso terminó secuestrado por ellos, el humano que los vio congregados en masa, sería un castigo ejemplar.

Aún no puedo creerlo, aún no puedo creer el castigo que me impusieron. Aún no puedo creer lo que hicieron, lo que me hicieron. No lo puedo creer, me miro y no lo creo. Si yo nací humano. Yo soy humano. Humano.

Usando algún extraño método me hicieron como ellos , un duende.

Carlos Salvador Basaldua Mendoza
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Vamos a ponernos - Kazbam

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

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martes, 20 de enero de 2009

Cierro los ojos

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Viviría con el trauma por el resto de sus días, o se mataría de inmediato. O, tal vez, quedaría con serios trastornos mentales. Iría directo al psiquiátrico. No cabe duda, es buen fin. Después de todo lo que ha pasado, es un fin merecido. Tal vez, horrorizada ante tal acto, moriría de espanto. ¡Sería perfecto! El único problema que, hasta ahora, he encontrado es que, una vez muerto, no podría gozar de su dolor. Necesito pensarlo más. Tal vez fingir una muerte y ver cómo reacciona, pero si descubre la farsa, sería terrible. No lo sé, no sé cómo sería perfecto. Pero de lo que sí estoy seguro es que esa maldita, esa desgraciada tiene que sufrir. Sí, tiene que pagar por todo lo que ha hecho. Me ha matado en vida.

Tengo todo listo. Todo está perfectamente planeado. Nada puede salir mal. Nada saldrá mal. Es hora. Dijo que nos veríamos, en casa, para la hora de comer. Tal vez ella esté ahora cruzando la calle. En este momento debe estar abriendo la puerta. Ahí está, ese es el sonido del cerrojo de la puerta de la calle. Siento la adrenalina correr por mi cuerpo. Por fin, está subiendo las escaleras. Sus pasos resuenan en mi cabeza. Espero tranquilo, sereno, sentado en el sillón, con las manos tras mi espalda, como siempre. Todo va bien, ahora está entrando a la sala. ¡Hola mi amor! Me saluda con una sonrisa hipócrita, burlona. Hola. Contesto. ¿Cómo está mi bebito? Bien, gracias. ¿Qué hay de comer?, me pregunta con cierta ansia, porque tengo un hambre terrible, si ni como algo ya, voy a morir. Pedí comida china, respondo con voz llana, espero que no te moleste. ¡Ay, no!, cómo crees que me voy a molestar si tú bien sabes que la comida china es lo que más me encanta comer, ¿a qué hora la traen? Raúl, contéstame, ¿a qué hora van a llegar con la comida? Raúl, Raúl, ¿qué tienes mi vida?... todo está listo. Ahora tengo que pararme frente a ella, pero mis piernas no responden. No puedo moverme, el miedo me ha paralizado. Raúl, contesta. Por fin lo consigo, me pongo de pie frente a esta malnacida. ¿Qué tienes Raúl? Su cara es de espanto, realmente está asustada. Raúl, me asustas chiquito. Mis manos siguen escondidas tras mi espalda. Me río, estoy feliz, no puedo creer que sea feliz. ¿Raúl? Ahora está desconcertada. De atrás de mi espalda saco la mano derecha y pongo el cañón de la pistola en mi boca. ¡Raúl! Ahora sí está muy, muy horrorizada. Aún sonrío, soy tan feliz. ¿Qué vas a hacer Raúl? Intenta acercarse, pero con mi mano izquierda la alejo. Vuelve a intentarlo. Esta vez tomo su cuello, la levanto un poco, incluso aprieto un poco. Raúl, no. Su voz es rasposa. Con la pistola en la boca, murmuro con calma. Adiós, Rebeca. Disparo. El ruido ensordece mis oídos. No puedo escuchar, pero veo claramente cómo ella grita y cómo se tapa la cara con ambas manos. Caigo, caigo poco a poco. Mi mano izquierda aún tiene preso su cuello. Cae conmigo, la arrastro, poco a poco. Veo sus lágrimas. Siento su horror, su miedo. El llanto le arruina el maquillaje. Mi espalda toca el suelo, ella cae sobre mí. Grita, llora, me golpea. Cierro al fin mis ojos. Soy tan feliz.


Carlos Salvador Basaldua Mendoza
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¿Pena de muerte?

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

En los últimos días he estado viendo un montón de mensajes, reportajes, notas informativas y demás referentes a la legalización de la Pena de Muerte en México. Me gustaría hablar sobre ello.

Primero.

¿Qué es lo que ha detonado que la “opinión pública” y, especialmente, los medios informativos nos bombardeen con esta propaganda a favor de la pena capital? Repasemos: todo esto comenzó cuando un “junior” fue secuestrado y muerto por sus captores. Un miembro de la clase alta de nuestra sociedad. Uno solo. Su padre, dueño de un emporio deportivo, alza el grito al cielo (como cualquier padre) y los medios de comunicación hacen bastante eco de este hecho (como nunca lo hacen), entonces convocan a una marcha y “toda la sociedad” mexicana se ve gritando consignas para parar la impunidad y la inseguridad.
Me pregunto qué sería de Ciudad Juárez si el mismo eco, si el mismo despliegue mediático se hubiera llevado a cabo a raíz de una sola muerta (asesinada), de una sola de más de quinientas (cifras oficiales) mujeres y niñas secuestradas, violadas, ultrajadas, torturadas, asesinadas, descuartizadas y desaparecidas. Qué sería del Estado de México si también tuviera eco el grito de dolor de uno solo de los cientos de padres y madres de mujeres que también son violadas y asesinadas (porque Cd. Juárez, lamentablemente, no es el único lugar donde suceden feminicidios). No es que me parezca mal el hecho de que el dolor de la familia Martí haya encontrado eco en la sociedad, sólo es que me parece que hay asuntos aún más graves a los que no se les da la importancia que se merecen.
¿Por qué las diferencias? ¿Por qué entonces, si en Cd. Juárez, son más de 500 muertes (tan o más violentas e injustas) no se les da el mismo eco en los espacios informativos? ¿Por qué el pacto por la seguridad nacional no se generó a raíz de la violencia en contra de tantas y tantas mujeres? ¿Será porque estas mujeres eran pobres, de las clases más bajas? ¿Será porque eran maquiladoras y no herederos de algún emporio deportivo, televisivo, mercantil o de cualquier tipo? ¿Será porque eran mujeres? ¿Será porque no tienen madres y padres que puedan, por medio del poder que otorga el dinero, hacer eco en los medios de comunicación? ¿Será que a la sociedad nacional le interesa más lo que le pasa a un solo individuo de la clase alta que lo que le pueda pasar a cualquier mujer pobre, es decir, al grueso de la población femenina (donde las propias madres, hermanas, hijas, primas podrían estar incluidas)?

Segundo.

En nuestro país, sentenciar al acusado no significa sentenciar al culpable. Las cárceles mexicanas están repletas de personas que no han cometido el crimen por el que fueron sentenciadas (no sé si han cometido otros delitos) y que, sin ser procesadas, son recluidas en cárceles que desde hace años han superado la cantidad de reos para la que fueron erigidas (sobrepoblación en cárceles). ¿Quién o qué nos garantiza que la pena de muerte sea aplicada de manera diferente a como viene funcionando el sistema penal? ¿Qué nos garantiza que el/la ejecutado/a sea realmente responsable por el delito del que se le acusa? Y, ¿si después de unos años el caso se aclara y se descubre que la persona ejecutada no era la responsable del delito sino alguien más? ¿Se aprobará también una ley para revivir a los ejecutados?
En países donde la pena capital es legal, no se han erradicado los crímenes que se castigan con ella. Por eso se sigue aplicando. El castigar no es la solución al problema, por más cruel y despiadada, por más salvaje y violenta que sea la pena que se aplique a secuestradores-asesinos, el secuestro-asesinato no se va a erradicar. Quizás si la policía en nuestro país no fuera tan corrupta y no estuviera tan inmiscuida en el crimen organizado (policía y crimen). Quizás si el sistema penal no estuviera tan viciado. Quizás esto nos aseguraría que la pena se aplique a quien “la merezca”. Pero no es así. Nuestra realidad es otra. No tenemos un sistema jurídico, penal en el que se pueda garantizar que, aunque seas acusado de un delito, no se te va a castigar hasta realmente conocer al culpable y determinar si ese eres tú o no. Esto nos podría llevar de vuelta al tiempo en el que a la gente se le colgaba o quemaba por el hecho de que su vecino sospechara de que practicaba la brujería. ¿Por qué castigar la muerte, con muerte? ¿Ojo por ojo y todos andamos tuertos y chimuelos?

Tercero.

¿Por qué siempre se piensa en castigar y no en prevenir? ¿Por qué no se busca una solución de fondo al problema y no sólo su eventual castigo? ¿Por qué no se habla de la formación de ciudadanos libres, solidarios con sus conciudadanos?
En México, se ven en promedio 4 horas diarias de televisión y se lee al año medio libro. O sea, se ven unas 1,044 horas de televisión al año. ¿Y qué se ve en la televisión? Sexo y violencia, básicamente. Programación para adultos y/o jóvenes, es transmitida en horarios infantiles. Los niños ven con gran placer cómo Goku, con su súper fuerza, golpea, destruye y mata a cuanto rival se le ponga en frente. Cómo Pikachu, así bonito como él solo, se vuelve una bestia y, sólo porque Ash se lo ordena, ataca sin piedad a otros seres como él. Incluso las Chicas Superpoderosas provocan que la violencia, como medio de solución de problemas, no sea la principal, sino tal vez la única válida, y esto se establece de manera permanente en la mente de los infantes. Vemos cómo en programas “infantiles”, las modelos posan semidesnudas como si de programación adulta de media noche se tratara. Y es que, aunque existan el canal 7 de TV Azteca (el cual no es un escape sino simple y llana competencia que remeda las prácticas de quien controla el mercado), Once TV del IPN, el 22, Antena 3 (Canal 28), TV Mexiquense (Canal 34), etc., nuestros niños prefieren ver la programación violenta del canal 5 de telenvicia. Querámoslo o no, Televisa forma ciudadanos violentos. Y es Televisa, en su “doblepensar”, quien más en alto grita contra la violencia generalizada en nuestro país. ¿En qué quedamos? ¿La violencia es rentable o es un “cáncer”?

Cuarto.

¿Por qué no se pone alto el grito de dolor de miles de obreros, subempleados y desempleados en nuestro país? ¿Por qué no se relaciona en los discursos políticos (en la práctica sí se hace) la pobreza, el hambre y el desempleo como uno de los múltiples orígenes de la delincuencia común y la organizada? (orígenes de la violencia) ¿Por qué, en lugar de estar ideando cómo “eliminar” a los delincuentes, no se piensa en cómo insertarlos productivamente en la sociedad? ¿Por qué no se busca cómo emplear a ese 4.06% (1,786,628 personas aproximadamente) de personas sin trabajo en el país?

Quinto y último.

Ojalá esta iniciativa de ley (propuesta por el “partido que defiende el amor y la vida” -según ellos mismos-) no se apruebe. Nadie tiene el derecho de privar de la vida a ninguna persona, eso incluye a los secuestradores, a las víctimas de éstos y al Estado. ¿Qué busca con todo esto? ¿Tener la satisfacción insana de la venganza? ¿Hacer de las ejecuciones algo tan común y cotidiano como comer y dormir? ¿Llenar a nuestra sociedad, y a nuestros niños, con más y más violencia?
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jueves, 1 de enero de 2009

Acerca de

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Sobre el autor
Pues soy nativo de la Ciudad de México. Me gusta la música contracultural y folklórica sobre todo. Me encabronan muchas cosas. Me gusta escribir aunque nadie me lea.

Sobre el blog
Esta cosa rara que es mi blog no pretende ser ni famosa ni multicitada ni nada de eso, es sólo un lugar donde puedo escribir las pendejadas que se vienen a mi mente y ya. Y como de eso se trata, hubo un tiempo que se llamó Mi Libre Albedrío. Pero ya no. El caso es que aquí pongo todo lo que se me ocurre.
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Glosario

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Aperrado (a): Dícese de la persona que se aperra. Aperrarse es acaparar algo a costa de los demás. Un ejemplo es cuando, al viajar en el metro, alguien se mete por la fuerza en el vagón y no conforme con eso corre, vuela para que nadie le gane el asiento, es decir, se aperra el asiento.

Bara-bara: Es una expresión popular de la Ciudad de México (y tal vez otras más, no lo sé) con la que los vendedores callejeros aseguran que su producto es barato.

Caerle: Decimos caerle cuando quieres decir ve, visita o llega. Ejemplo: Vamos a ir a la fiesta, caele allá.

Cagar la madre: Es cuando odias a alguien o alguien te cae demasiado mal: te caga la madre.

Carnal: Hablando en juerga, carnal es el camarada muy estimado.

Cerillo: Además de ser sinónimo de fósforo, lo usamos para nombrar a los púberes que se encargan de empacar las cosas en los súper mercados.

Chido: Sinónimo de bien, agradable, bueno.

Chingón: Adjetivo que denota que algo es demasiado bueno.

Chela: Puede ser el sobrenombre familiar de Graciela o de Marcela. Es uno de los nombres que recibe la cerveza, también se le dice cheve, Elodia (haciendo referencia a la temperatura de la bebida), etc.

Chesta: Deriva de chela y fiesta. Se refiere a la reunión que se lleva a cabo con el fin de consumir cerveza en compañía de las amistades.

DF: El Distrito Federal de México tiene muchísimas formas de ser nombrado: De efe, defe, deefe, defectuoso, defecal, por mencionar las derivadas de sus iniciales. Existen otras formas más coloquiales: Chilangolandia, La Capirucha, etcétera.

Estar chicles bomba: Esta es una expresión popular que se usa como sinónimo de estar chido, ambas son equivalentes a "estar muy bien".

Gacho: Antónimo de chido y chingón.

Huevón: Forma coloquial en México de referirse a la gente floja. "Es un flojo" equivale a decir "es un huevón". Tener hueva, echar la hueva, qué hueva, son ocasiones para aplicar el concepto.

Huevo: Sinónimo de testículo. También se puede decir, a veces, aguacate, v. gr.: "Cuates, los aguacates".

Morralla: Le decimos así a la moneda fraccionaria, es decir, monedas de 1, 2, 5 pesos, o de 5, 10, 20 y 50 centavos. A veces también incluimos monedas de 10 pesos.

Q. E. P. D.: Que en paz descanse, o sea que ya se piró.

Rifársela: Cuando alguien se la rifa, es que pone todo su esfuerzo por hacer las cosas bien y le salen bien.

Rola: Cuando se habla de música, rola es sinónimo de canción. En otros contextos se puede entender como compartir: "rola tus ideas carnal".

Tianguis: Dice la Wikipedia que viene del náhuatl tianquiztli, mercado. Se trata, efectivamente, de un mercado ambulante, que cambia de lugar cada día y suele volver al mismo sitio cada semana. En él se venden mercancias varias, desde abarrotes hasta piratería.

Volado: Es un juego en el que dos individuos tratan de adivinar qué cara de la moneda caerá hacia arriba luego de que ésta es lanzada al aire. El que adivine se gana la moneda o algún otro premio pactado previamente por los participantes.
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Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

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