martes, 8 de junio de 2010

¿Criticar al estado israelí significa ser antisemita?

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

¿Se acuerdan del texto que publiqué acerca de los eufemismos? Bueno, pues hubo un comentario que me agradó: Dice El Estopa que es racista decirle negro a un negro, pero no lo es decirle blanco a un blanco [palabras más, palabras menos]. Coincido con él, aunque no en todos los casos es así: si un negro le dice negro a otro negro, no hay pedo; pero si un blanco le dice negro a un negro, entonces el blanco es un puto racista de mierda.

Otro caso similar es cuando alguien, quien sea, dice algo en contra de los judíos o haciendo alguna crítica hacia ellos. Entonces, aunque el comentario no tenga ninguna connotación religiosa, racista, étnica, cultural ni nada por el estilo, resulta que quien lo dijo es antisemita.

Todos saben... ok, no todos, más bien los que buscan información imparcial y saben algo de la historia reciente del cercano oriente... saben que el gobierno israelí trata de apoderarse de los territorios palestinos a costa de lo que sea. No importándole si en el proceso mueren cientos o miles de humanos inocentes, si matan a activistas pacifistas, si degradan a un pueblo imponiendo bloqueos económicos (me suena un poco antillano el asunto, ¿será?). En fin, que con su negro historial Israel se ha ganado el desprecio y el odio de muchísima gente alrededor del mundo.

Pero ahora resulta que cuando alguien critica a Israel por sus acciones, como lo hizo Helen Thomas, se convierte en antisemita y hasta se le obliga a dejar su puesto de trabajo. Pinche mundo hipócrita. ¿Entonces no podemos hacer críticas al estado judío porque nos convertimos en antijudíos automáticamente? Vaya mamada. Es algo así como eso de que si no estás conmigo estás en mi contra, ¿no?

Si un judío es culero, es culero y punto. Y eso hay que gritarlo, al igual que si el culero fuera árabe, palestino, vasco, maya, polinesio o lo que sea. El hecho de criticar y repudiar las políticas colonialistas del estado israelí no debe ser tomado como un acto de antisemitismo sino como lo que es: una acción política y un uso de la libertad de expresión.

En este caso estamos ante un uso de los términos que se encuentra cargado hasta la madre de connotaciones políticas. E incluso de un poco de "complejo de víctima". Es una manipulación del lenguaje con fines oscuros. Porque cuando el estado de Israel dice que alguien es antisemita es obvio que el ideario colectivo tenderá a relacionarlo con el tipo de antisemitismo que practicaron los nazis por allá de los años 40 del siglo XX. Entonces el estado judío se pone su disfraz de víctima (que sí lo fue en ese entonces, pero que en este caso es más bien el verdugo, el victimario) y exige que la comunidad internacional abogue por él. Así resulta entonces que quien habló mal de las políticas israelíes pasa de ser un crítico, una persona que ha analizado la situación, a convertirse en un racista, en un ente digno de desprecio. Bonita jugada la de manipular el lenguaje, ¿no creen?

Y a todo esto, yo no soy antisemita, sólo deploro las políticas que, desde su nacimiento, ha implementado Israel.

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