viernes, 2 de julio de 2010

Me re cagan los perros callejeros

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Y es que de morrito, hace ya un chingo de años, un perro callejero me mordió mi chamorrito. Y me dolió un buen. Uno de mis primos, mayor que yo, se burló de mí y me dijo que me iba a dar rabia y que me iba a morir en dos días. Y yo, todo chillón como era, me metí a mi casa llorando de a madres. Evidentemente no morí. Pero el trauma ahí está y es de esos traumas que se niegan a largarse.

En días pasados me persiguió un grupo de perros callejeros. Iba yo bien feliz y bien contento por las calles del centro de Coyoacán, me metí a las callecitas aledañas, fue entonces cuando unos cinco perros que aparentemente dormían a la sombra de un enorme árbol se levantaron en chinga y comenzaron a ladrarme. Casi me zurro del susto. Salí corriendo hasta que puede llegar a Quevedo y, sin poder cruzar esa avenida, lo único que se me ocurrió fue subirme al microbús que pasaba en ese momento para bajarme a dos cuadras de ahí mismo.

Hacía tiempo que no me hacían eso los perros. Hubo una época en que cada perro callejero que me topaba me ladraba o me intentaba morder. Recuerdo a uno en especial que quiso morderme, pero como tenía botas industriales, pues no me pasó nada.

Creo que otra de las causas de mi miedo es que los perros callejeros son totalmente impredecibles y no tienes ninguna garantía de que no tenga rabia o cosas así, al contrario: tienes la garantía de que sí lo tiene.

Hoy por la mañana, recordé de la forma más bizarra mi odio hacia los perros callejeros. Estaba a punto de entrar al metro, bueno, de atravesar sus torniquetes de entrada, cuando un perro de la calle empezó a ladrar como a unos 3 metros de distancia de mi persona. El ladrido iba directo hacia su servidor. No le di importancia porque estaba como a tres metros de mí. Quien sí le dio importancia fue un pinche perro chihuahueño que iba en brazos de una chava, quien estaba detrás de mi en la fila para ingresar al metro.

No sé qué chingados pasó, pero me imagino que el perro que ladraba le "dijo" algo al chihuaheño, éste lo entendió y se lanzó a morderme, con toda saña, mi oreja derecha. Su dueña, total y francamente sorprendida ante la actitud de su mascota, tardó un poco en reaccionar.

Afortunadamente no me pasó nada, pero qué pinche susto me metieron esos dos cabrones.

3 comentarios:

  1. son chingones los perros

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  2. verga wey.... si yo fuera tu no difundiria mucho que fui atacado por un chihuahueño

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  3. Anónimo: Sí, en efecto lo son (checa esta entrada), pero lo callejeros me cagan.

    el Estopa: Hay que ser muy hombre para aceptar este tipo de ataques.

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