lunes, 29 de agosto de 2011

Iglesia del XVI con murales de Bonampak... sueño raro.

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Tuve un sueño raro y se los voy a contar. En este sueño interviene un amigo que hace año y medio, más o menos, que no veo. Digamos que se llama Pedro.

Soñé que estaba en un congreso/simposio/coloquio sobre antropología, rodeado de antropólogos, etnólogos, arqueólogos, etcétera. Al finalizar una ponencia se acercó un colega etnohistoriador a contarme la primicia del momento, primicia relacionada con el mundo maya. Según mi colega, se había descubierto, en el Petén, una iglesia del siglo XVI que al parecer estaba abandonada desde principios del XVII.

La noticia de este hallazgo no causó gran interés en mí, en parte porque no me interesa lo prehispánico y en parte porque iglesias viejas hay en todos lados. Pero mi parecer cambió en cuanto mencionó algo realmente sorprendente. Resulta que esta iglesia, en lugar de tener santos en la fachada o la decoración clásica cristiana, tenía un relieve con los murales de Bonampak.

Imagen tomada de Wikimedia Commons

-No mames wey, ¿neta hay una iglesia con los murales de Bonampak? No te creo- dije.
-Pues eso es lo que me dijeron, también se me hace raro, pero habría que ver, ¿no?- dijo.

En mi sueño no existían complicaciones técnicas ni económicas ni una enorme distancia entre la Ciudad de México y el Petén en Guatemala. Así que, apenas terminando la última frase, ya estábamos en la zona en cuestión.

Todos estábamos sorprendidos. Andábamos un camino de terracería recién ganado a la selva. Después de unos 40 minutos de caminata comenzamos a observar restos arqueológicos, algunas estelas incluidas. Había mucha gente a pesar de no ser un sitio abierto al turismo.

Poco a poco se dibujó la silueta de la esperada iglesia del siglo XVI con los murales de Bonampak. A pesar del tiempo, aún se distinguía el relieve de la fachada.

El arqueólogo responsable resultó ser un amigo de la escuela, así que nos pusimos a platicar largo y tendido sobre el sitio. Entre otras cosas, me dijo que no se trataba de una iglesia como tal, ya que solo eran un par de torres comunicadas por un pasillo, en el muro de este pasillo es donde estaba el relieve mencionado. Manejaban la hipótesis de que el edificio fue construido por mayas y que los españoles no tuvieron nada qué ver. Suponían que un gobernante maya deseaba reproducir el estilo de la arquitectura española. El edificio tenía indicios de haber sido incendiado, tal vez habrían sido los españoles al considerarlo una obra del maligno.

Comencé a caminar hacia el edificio y me acerqué a una de las torres. Inicié el ascenso por la escalera de caracol. Tenía ventanas altas y angostas cada tres escalones, se apreciaba el ritmo que marcaba la luz. Cuando llegué al último escalón vi a un hombre sentado (no sé en qué) a la orilla de una ventana más grande que las de la escalera, miraba hacia el exterior. Cuando volteó, me percaté de que se trataba de mi amigo Pedro. No cruzamos una sola palabra. Di media vuelta y bajé.

Luego cayó la noche, y se armó la chesta con los colegas antropólogos.

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