miércoles, 21 de septiembre de 2011

Miércoles Pacheco

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam



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Para llevar comiendo

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Desvelado, mal dormido. Soñoliento. Friolento. Pasos dudosos. Bostezo.

No veo el sol por ningún lado, pero la claridad del día me confirma que ha amanecido. No veo gente por ningún lado, solo entes que se mueven, se empujan y hacen ruido.

Un atole es servido en un vaso de unicel por las manos ágiles de la tamalera que cada mañana ofrece su mercancía en esa esquina. Un hombre estira la mano para tomar ese vaso y beber ese atole. Una guajolota verde, por favor, pido mi desayuno. ¿Para llevar o para comer aquí?, pregunta la tamalera. Para llevar comiendo, respondo.

Camino. Pasos dudosos. Sueño en los párpados. ¿Friolento?, ya no tanto, estar en el metro da calor. Bostezo.
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martes, 20 de septiembre de 2011

Ojos rojos, y no estoy yonki

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Uso lentes de contacto. No por estética (no son de color), sino porque soy miope. Y porque son más cómodos que los lentes de armazón. Los empecé a usar hace ya unos cinco o seis años. Recuerdo que los primeros días, por mi falta de entrenamiento, me lastimé ligeramente algunas veces, los ojos se me ponían algo rojos y la gente, sorprendida, me miraba fijamente y me tachaba de yonki.

Por lo regular esta etiqueta me era impuesta por mi familia y por gente de la UPN, en la Facultad nadie me decía nada.

Con el tiempo y la práctica dejé de lastimarme mis ojitos al ponerme o quitarme los lentes de contacto. Ya sólo se me ponen rojos los ojos cuando los lentes están por dejar de ser útiles y se mueven de su lugar. Cada vez que esto llega a pasar, mis compañeros de trabajo me recuerdan que debo cambiar de lentes haciéndome notar mi apariencia pacheca.

Desde ayer me están irritando los lentes de contacto. Los ojos se me han puesto ya bastante rojos. La gente de mi trabajo no me ha dicho nada, tal vez porque no han tenido la oportunidad de darse cuenta.

La gente de la ENAH sí ha tenido el chance de notar la coloración en mis ojos, no me han dicho absolutamente nada.
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Reconocimiento a la doble labor de las enfermeras

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Por los comentarios que he recibido de un par de amigas mías dedicadas a la medicina llegué a pensar en las enfermeras como personas horrendas, desprovistas de todo rastro de humanidad. Por los comentarios recibidos de un par de amigas y un amigo dedicadas a la enfermería llegué a confirmar lo anterior.

En los relatos de estos cinco amigos las enfermeras (utilizo el femenino porque aunque haya enfermeros la mayoría son mujeres) suelen ser las ojetes que controlan todo lo que sucede en el hospital, deciden qué médico puede usar o no los insumos necesarios para su labor… deciden, en suma, el rumbo del lugar donde trabajan. Y si, por alguna estúpida razón, un médico le cae mal a la jefa de enfermería, la vida laboral del galeno se convierte en una pesadilla.

Como mis amigos viven constantemente esta lucha de poder en los nosocomios, supuse que lo que me decían era cien por ciento real. Pero resulta que, aunque lo que me han dicho no es mentira, no se trata de la única cara de la moneda. Con mis propios ojitos y sus respectivos lentes de contacto he podido ver algo más. Con mis propios oídos es podido escuchar otra faceta de las enfermeras.

Algo que nunca me dijo nadie es que las enfermeras son más que esas personas que inyectan, hacen curaciones, toman la temperatura, la presión arterial, etcétera. Son también quienes mantienen mayor contacto con los pacientes. Al médico se le ve poco. Por lo tanto, al tener que lidiar más constantemente con los enfermos, o se vuelven unas personas sumamente odiosas o todo lo contrario.

En mi percepción de la realidad he podido ver que es más común la segunda opción. Muchas enfermeras terminan siendo confesoras o "doctoras corazón". Hay montones de pacientes que piensan que las enfermeras están obligadas a escuchar su historia de vida, desde su nacimiento hasta el día previo a su ingreso en el hospital.

Yo, sinceramente, los mandaría a la chingada, tengo poca paciencia cuando se trata de escuchar cosas que no me importan. Pero las enfermeras no lo hacen, hacen como que escuchan. O tal vez sí escuchan. Y eso también alivia al enfermo, un trato cálido, humano, amable. Porque los médicos suelen ser tan fríos, tan indiferentes al dolor del enfermo. Las enfermeras suelen ser el otro lado, el lado amable.

Y qué bueno que lo sean. Es de reconcerles esa doble labor, ser enfermeras y ser humanas.
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lunes, 19 de septiembre de 2011

In memoriam: Rockdrigo González

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Miércoles Pacheco

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam










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lunes, 12 de septiembre de 2011

Un año más de aquel trágico 11 de septiembre

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Nota preliminar: Este artículo hace referencia a sucesos históricos, pero no cita sus fuentes porque pretende provocar la curiosidad del lector.

Septiembre 11 1973, de Carlos Latuff
Ayer fue once de septiembre. Poca gente lo recuerda, pero el once de septiembre pasó a la historia como una fecha triste, de luto. Personajes como George H. W. Bush, Gerald Ford y Richard Nixon planearon desde Washington la caída del gobierno socialista del presidente chileno Salvador Allende.

Allende era un modelo de transición hacia el socialismo sin violencia de por medio. Allende significaba la esperanza de un pueblo que expresó, por la vía legal electoral, su deseo de vivir un cambio en la política que lo beneficiara sin importarle los intereses de las transnacionales ni del capital estadounidense.

Obvio que esto no gustó ni a los EUA ni a los poderosos derechistas de aquel país sudamericano. La nacionalización del cobre, el aumento salarial a todos los trabajadores, y otras acciones que favorecían al pueblo fueron mal vistas por los poderosos. Así que se organizó un golpe de estado, con Augusto Pinochet al frente de dicho golpe.

El 11 de septiembre de 1973 las fuerzas armadas de Chile, en conjunto con la CIA, bombardearon el Palacio de la Moneda, sede del gobierno. Allende transmitió su última alocución en Radio Magallanes:
Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente.
Y así lo hizo. Cumplió su palabra, murió por su pueblo.

Después vinieron 17 años de dictadura militar en manos de Pinochet. Claro, respaldados por los gobiernos estadounidenses. 17 años de torturas, secuestros y asesinatos orquestados por el gobierno para eliminar a la oposición.

Allende dijo al finalizar su transmisión antes citada:
Éstas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.
Ciertamente su muerte dio a toda Latinoamérica y el mundo una lección moral que ni con cien años de violencia podrá ser borrada.

PD: Ah sí, hace diez años fue aquello de las torres gemelas.
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viernes, 9 de septiembre de 2011

Estúpidas Letras 22

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

En una librería en la calle Donceles.

En un bar de la calle Tacuba.

En la colonia Santo Domingo.

En la misma librería de Donceles.

En el metro Universidad.
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jueves, 8 de septiembre de 2011

Las cosas que más me encabronan de la web

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Sí, es verdad, amo a la web. Pero hay ciertas cosas que me cagan de ella. ¿A poco me van a decir que todo en la web es buena onda? Como sé que no, empezaré yo y enlistaré las cosas que más me encabronan de la web. Ahí les va:
  • Pop-ups. Yo entiendo que se trata de publicidad y de hacer rentable un sitio, pero no mamen, una cosa es hacer publicidad y otra agredir visualmente al visitante.
  • Audio/video en autoplay. Me encabrona entrar a un blog, una página o lo que sea y que suene sin mi consentimiento una voz o una canción. No hay nada más molesto que se atrevan a mezclarse con la música que estoy oyendo. Y lo peor es cuando los controles están escondidos.
  • Gifs animados. Los ‘90s ya fueron, hace veinte años, por cierto. No, ya en serio. Son un distractor y solamente hacen que se vea horrible la web. Quizá uno o dos, pero pequeños y en lugares discretos.
  • Captchas. Me cagan, porque para empezar, suelen ser de palabras en inglés siempre. Carajo, hagan captchas en español, portugués, ruso, chino. Ajústense al público de cada región del globo. Y lo peor es cuando, por más que le busques, es perfectamente ilegible el puto captcha.
  • Contraseñas en las carpetas comprimidas. Esas carpetas que usuarios comunes y corrientes suben a la web para compartir archivos, pero que, irónicamente, protegen con contraseñas. Eso es una mamada.
  • Flash. En sí Flash no me caga, me caga cuando una página está hecha en su mayoría con flash, no se puede navegar a gusto de este modo.
Y ya, necesitaba expresarlo.
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Estampitas en la Venustiano Carranza

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Tenía que ir a la delegación Venustiano Carranza, por alguna razón que en estos momentos no recuerdo ni me interesa recordar. Revisé la Guía Roji, en ese entonces no me había familiarizado con el Google Maps, y noté que la ruta más cómoda era usando el metro, salir de la estación Fray Servando y de ahí caminar un tramo, o tomar un microbús. Comenté esto con algunas personas, la mayoría de las cuales coincidió en que lo mejor sería usar un microbús, porque, dijeron, en ese parque asaltan.

Salí de casa y me puse mis audífonos. En el trayecto iba leyendo y pensando en cualquier cosa. Al salir del metro pregunté a una policía que estaba en los torniquetes sobre la forma de llegar a la delegación. Me dijo que derecho, pero que tomara el micro porque el parque está muy feo. Ok, esto se pone denso, hasta la policía hizo expresión de miedo al hablar del parque.

Como aun había luz de sol, me pareció que no podía ser demasiado rudo ese parque. Lo vi desde lejos y me pareció agradable para una caminata, además, tenía media hora disponible ya que hice menos tiempo de trayecto del que había pensado. Así que, por alguna pendejísima razón, olvidé todas las advertencias y decidí caminar por el centro del parque. Todo estaba tranquilo, sin broncas.

De repente (siempre es de repente) sentí un piquete en el pecho. Me quité los audífonos y voltee buscando el origen de dicha sensación. Se trataba, nada más y nada menos, de un niño de unos 7 años, mugroso, con cara de encabronamiento extremo. Me había puesto una estampita en el pecho. La verdad es que ya no recuerdo de qué era la estampa. Y ahora esperaba con la mano extendida a que le diera una moneda, cosa que yo, por supuesto, no iba a hacer.

Tomé la estampita de mi pecho y se la pegué al niño en su pecho, y estiré la mano igual que él antes lo había hecho. Su cara de encabronamiento extremo se tornó aún más extrema. Se quitó la estampa y la colocó de nuevo en mi ropa. Y puso la mano extendida, ahora con un movimiento más violento. Me quité la estampa y, mamonamente debo admitirlo, se la puse en la frente. Ya no extendí la mano, sonreí y traté de proseguir mi camino.

Digo que traté, porque no me dejaron. No me di cuenta, pero estaba rodeado por, de menos, unos diez chamacos del mismo tamaño que el primero. Y lo peor, todos estaban preparados con su estampita en la mano. En ese momento fue cuando recordé las advertencias de mis amigos. Me quedé mirando al niño del principio y le dije "mira, hay de dos sopas, me ponen sus estampitas y no les doy ni un pinche peso, porque no quiero darles ni un pinche peso, y se quedan sin estampitas; o no me ponen sus estampitas y todos somos felices". Creo que eso los hizo encabronarse un poco más. El niño a quien me dirigí me respondió "¿ah no nos vas a dar nada culero? Pues entonces vas a ver cómo te partimos tu pinche madre hijo de la chingada". Para ser un moco de 7 años, pronunciaba a la perfección las flores del lenguaje.

El tono de voz, al parecer, fue como una señal de alarma, porque de la nada salieron otros cinco o siete niños más. Justo cuando se acercaban para estamparme, es decir, llenarme de estampas, salí corriendo entre los mocosos. Creo que tiré a uno o dos. Un indigente que había estado observando la acción desde hacía minutos me mentó la madre.

Corrí un buen tramo del parque y me subí a un microbús que pasaba a baja velocidad. (Sí, me sentí en una película joligudense de acción, por si querían saber.) "¿A dónde va joven?", me preguntó el chofer. "A dos cuadras", respondí. Él volteó hacia el parque, miró a los niños encabronados, me miró y dijo "mejor lo llevo a cuatro, le conviene".
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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Miércoles Pacheco

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam



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lunes, 5 de septiembre de 2011

¿Qué nos hace ser mexicanos?

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Imagen tomada de Milenio.com

Hoy es cinco de septiembre y acabo de caer en cuenta de que estamos en el mes patrio. Se supone que la principal celebración cívica se da en este mes, La Fiesta Nacional, la celebración de la Independencia de México el 16 de septiembre.

Se supone que ese día se celebra con música mexicana, comida mexicana, bebidas mexicanas. En los hogares se escuchan las voces de Pedro Infante, Vicente Fernández, Los Tigres del Norte, Cuco Sánchez. Se respira el olor del pozole, la tinga, la pata, los chiles en nogada. Se brinda con tequila, mezcal, pulque. Y, por supuesto, se grita ¡Viva México, cabrones!

¿Pero qué es eso que nos hace mexicanos a los mexicanos? ¿Será acaso nuestra pretendida descendencia de los mexicas? Los yucatecos descienden, en todo caso, de los mayas; los chihuahuenses, neoleoneses, sonorenses, etc., descienden de los grupos chichimecas; los michoacanos de los tarascos; los oaxaqueños de zapotecos y mixtecos y así nos podemos seguir con cada región de este país.

¿Será nuestra historia compartida? Si resulta que todos los habitantes de este país tenemos una misma historia compartida, entonces también los centroamericanos y sudamericanos pueden ser considerados mexicanos. Todos herederos de la corona española y de las luchas independentistas de principios del siglo XIX.

¿Será que compartimos la misma geografía? No creo que tenga mucho qué ver el desierto de Sonora con el Soconusco. (Salvo que empiezan con S.)

¿Será que compartimos el mismo idioma? Hay, al menos 68 agrupaciones lingüísticas de origen prehispánico, unos cinco dialectos del español (castellano), y algo así como una veintena de lenguas extranjeras.

¿Será la devoción a la virgen de Guadalupe? Hay mexicanos judíos, musulmanes, anglicanos, ateos.

La música tampoco debe ser. En el norte se oyen bandas sinaloenses, grupos norteños. En el sur se oyen marimbas. En el golfo se oyen sones jarochos.

De lo único que puedo estar seguro es de lo siguiente. Hay una constitución que rige un territorio que dice que quien nazca en ese territorio es mexicano. Esa es la base legal para decirse mexicano. Pero no resuelve el problema de saber qué es eso (no legal) que hace que seamos mexicanos.

Se aceptan sugerencias, comentarios y mentadas de madre.
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jueves, 1 de septiembre de 2011

1/4 de siglo

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Gozando de la vida, porque a eso vine y nada más.

Con un chingo de experiencias (buenas y malas) a cuestas y las que me faltan.

Y a pesar de que no soy nada nuevo en este caminar y que tal vez pronto se acabe mi sendero, quiero seguirme sorprendiendo con lo que me encuentre mientras lo recorro, seguir disfrutando cada paso que doy, solo o en la compañía de quienes han hecho más ameno el andar.

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Cfr. ¡24! / 23 vueltas alrededor del sol
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