viernes, 12 de abril de 2013

La maldición del mal servicio

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Es un hecho y no puedo ignorarlo: la gente que vende comida suele darme un mal servicio. Como ustedes han de saber, aquella vez que fui a comer a una pizzería de Coyoacán la mesera me trató feo. Pero no es un caso aislado.

En una ocasión, a la hora del desayuno, fui con S* a un puesto de tamales y atoles. Dijo la señora que tenía atole de guayaba y pedí uno de ese sabor porque están bien sabrosos. S pidió un jugo de naranja, porque también vendía jugo de naranja, y se lo despachó de inmediato. Llegaron otros clientes y los atendió. La señora sirvió mi atole, pero no me lo entregó, yo no sabía que era para mí porque lo dejó del lado de la mesa que quedaba más cercano a ella. Llegaron otros clientes y también los atendió. S ya llevaba la mitad de su jugo cuando se me ocurrió interrogar a la señora: "oiga, ¿sí me va a dar mi atole de guayaba?". "Ay joven, se lo serví pero se me olvidó dárselo, ya ha de estar bien frío", me dijo. Y así bien frío me lo dio. Yo esperaba que me dijera que me iba a servir uno calientito, pero no, le valió madres. Ya no le dije nada porque no quería que se volviera a tardar en atenderme.

Hace un par de semanas fui a desayunar con J y R. Fuimos a un tianguis que se pone a unas cuadras de mi casa. Llegamos al puesto de la barbacoa y tomamos asiento. El mesero no se acercó a limpiar la mesa. Al cabo de un par de minutos lo saludé y le pedí tres platos de consomé. Más o menos diez minutos después se acercó bien amablemente a preguntar "¿qué van a ordenar?". Obvio que me encabroné y le dije "ya te pedimos tres platos de consomé". Me vio con cara de incredulidad y se fue por el consomé.

Y hace unos días, a la hora de la comida, fui con I a un puesto de tortas. Pedí las tortas. Pasó el tiempo y yo vi cómo a otros comensales les daban su torta a pesar de haber llegado después. Le pregunté al tortero si tardaría demasiado lo que ordené y el muy cabrón ni sabía qué le había pedido. Total, para no hacer el cuento largo, me entregó una torta que no era la que yo había pedido. Como ya estaba muy encabronado se la regresé y le dije que no era lo que pedí y que ya no hiciera nada. Así bien dignos nos fuimos a comer unos tacos de guisado.

El caso es que, por alguna extraña razón, la gente que vende comida no me trata bien. (Iba a escribir "la gente que vende comida en la calle", pero el caso de las pizzas fue en un local.) Muchos amigos me ha dicho que no me hablaban antes porque tengo cara de ser un ojete, mamón, culero y malvibroso y que cuando me conocen se dan cuenta de que no lo soy tanto. ¿Será que esa misma impresión se llevan los vendedores de comida y por eso no me atienden bonito? No lo sé. En fin, que ya casi no me encabrono porque, a fin de cuentas, ya estoy aprendiendo a vivir con esto. Triste, pero cierto.

2 comentarios:

  1. Invita a comer a H y verás que te atienden bien. Me canso!! :D

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    1. Jajaja, lo tendré en cuenta. Ya luego que invite a H te cuento si sí me trataron bien o no.

      Saludos.

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