miércoles, 25 de junio de 2014

Sobre el cambio de nombre del Negrito a Nito

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Tomada de El Financiero
Sí, ya sé que ya pasó harto tiempo del cambio, sucedido en noviembre de 2013, pero aún no me hago a la idea. Es decir, toda mi vida, o al menos gran parte de ella, he sabido que el pastelito chocolatoso funkero de Bimbo se llama Negrito, y que le hayan cambiado el nombre a Nito es una verdadera mamada.

Me puse a buscar noticias relacionadas con el cambio de nomenclatura de la golosina, pero en ningún lado se explica la razón del hecho. Bimbo dice que "Los nombres cortos tienen más onda", pero nada más.

Muchos dicen que seguramente cambió el nombre para evitar que los negros se ofendan. Lo cual, desde mi postura como científico social (uyuyuy eh) me parece una reverenda chingadera. Ya antes he escrito (y hablado) sobre mi inconformidad con los eufemismos que se usan para tener corrección política. Por poner un ejemplo, el hecho de decirle afromexicano, afrodescendiente, afromestizo o simplemente afro a un negro no es una forma de ser respetuoso hacia ese sector de la población, en realidad se está haciendo énfasis en que ser negro es malo y por eso ni siquiera se le debe nombrar como tal. Entonces, en un esfuerzo por blanquear al lenguaje, se usa un eufemismo largo como la cuaresma y que al final de cuentas no resuelve nada. El negro sigue siendo negro. La discriminación sigue y el olvido por parte del gobierno también.

Pero déjenme decirles que mi molestia no solo es por la posible relación con el tema del racismo y las sensibilidades negras (lo siento, yo a los negros les digo negros, y no soy racista), sino también con las limitantes al lenguaje alburero y del doble sentido que el cambio del nombre ha traído consigo.

Me explico: antes era bastante divertido comprar uno de esos pastelitos y compartirlo con la banda, siempre con la invitación verbal "¿quieres de mi Negrito?", y neta que no es lo mismo decir "¿quieres de mi Nito?" No es de Dios. O bien, si veías que tu compa se estaba embutiendo un Negrito, podías llegar con una sonrisa de oreja a oreja y preguntarle bien malvibrosamente: "¿a poco sí te gusta el Negrito?" Agarren la onda, señores de Bimbo, le han dado en la madre a una parte del habla alburero doblesentidero.

P.D.: Échenle un ojo a esta liga, para que sepan de lo que está hecho un Nito.
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martes, 24 de junio de 2014

Todo Sereno rompe la barrera de los 10

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Pues nada amigos, resulta que el programa de radio por Internet que hago los lunes y a veces lo jueves, ya llegó a la transmisión número 11.

Y eso es bueno, porque aquella vez que hice Kazbam al aire solo duró 10 episodios. Y cuando, en compañía de Ondina hice el OK Chou solo sobrevivió a 9 transmisiones. Así que romper la barrera de los 10 es algo que se debe celebrar.

Por eso escribo este post, para que quede constancia de mi blog.

Y para invitarlos, si no lo han escuchado, denle play y díganme qué les parece el Todo Sereno. Las transmisiones son lunes y jueves (bueno, a veces los jueves cancelo, perdón por eso) y empiezan más o menos a las 10:45 pm, todo depende de las complicaciones que tenga para llegar a mi hogar. Acá pueden escucharlo desde Spreaker y acá está el archivo histórico del programa.

Saludos.
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martes, 17 de junio de 2014

Comida callejera: Santiago de Querétaro, Querétaro

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Verán, la ciudad de Querétaro, cuyo nombre oficial es Santiago de Querétaro, es la capital del Estado que lleva el mismo nombre. Dicen que en ese Estado está el centro geográfico de México, y hasta erigieron un momento en el municipio de Tequisquiapan, pero la mera verdad es que el centro geográfico ha de hallarse por allá por Zacatecas.

Volviendo a Querétaro, el lugar fue ocupado hace hartos años por otomíes, purépechas, pames, jonaces, etc. Se encuentra a unos 212 kilómetros de la Ciudad de México y está dentro de la región conocida como el Bajío.

En Querétaro existen locales donde se venden exclusivamente gorditas. Una gordita es un disco pequeño y grueso, hecho de masa de maíz. Normalmente se les mete algún guisado y luego se cuece en el comal, o se fríe nadando en aceite. Una vez cocida, se abre por desde el canto del disco y se le pone salsa, queso, crema, lechuga o lo que estile el vendedor en turno.

Cuando estábamos en esa ciudad, pasamos a un local donde vendían gorditas de carnitas.

 

También nos llamó la atención una vendedora que ofrecía su variedad en voz alta, y entre los platillos que estaba ofreciendo se encontraba el guajolote. "Pásenle jóvenes, ¿qué les voy a servir? Tengo enchiladas, tacos, guajolotes..." Así, más o menos decía. Nos ganó la curiosidad y pedimos un guajolote. Y, para nuestra sorpresa, se trataba de lo que en el Distrito Federal conocemos como pambazo. Es un pan blanco, telera, enchilado y frito por fuera, que se rellena con papa, pollo o picadillo, y con queso, crema y lechuga. Estaba bueno el guajolote.


Ahí mismo comimos unas enchiladas potosinas que, de verdad, estaban bastante ricas. La tortilla se calienta, se enchila y se fríe, se le pone el relleno que, en nuestro caso fue de papa, se enrolla y se sirve con queso, crema y lechuga.


Resulta curioso que, como me contaba I., en esta ciudad, lo que más hay para comer en la calle, son gorditas y comida a base de maíz, como en muchas ciudades de este país. Sin embargo, los estudiosos que se dedican a investigar la historia y la antropología de la alimentación queretana, no han volteado a ver ni a las gorditas ni al maíz. Ahí les encargo.
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viernes, 13 de junio de 2014

Pequeña semblanza de la etnohistoria*

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Durante el brindis. Aquí es como en ¿Dónde está Wally? Foto: I. Carpio.
Hace poco más de cuatro años tomé una de las decisiones más importantes en mi vida: estudiar etnohistoria. Cuando se lo comenté a mi madre, por supuesto que le dio gusto saber que pretendía estudiar una carrera y ser un hombre de bien. Pero no pudo ocultar la duda, "¿qué es eso que vas a estudiar?", me dijo. Etnohistoria, mamá, etnohistoria.

Dicen los que saben, que la etnohistoria es una disciplina en la que confluyen la antropología y la historia, que echa mano de las teorías de una y otra ciencia para lograr una visión de conjunto más amplia. Yo digo que la etnohistoria es un estilo de vida. No nos es posible salir de la escuela a la calle y quitarnos el traje de etnohistoriador, de etnohistoriadora. Una vez que nos asumimos como tales, nunca dejamos de serlo.

Hay quienes opinan que nuestra formación es ociosa, que no sirve de nada formar etnohistoriadores. Que para eso están los antropólogos, los historiadores y hasta los sociólogos. Otros más llegaron a decirnos, no en pocas ocasiones, que la etnohistoria no existía. Y sin embargo, existe. Y la pertinencia y la necesidad de otorgarle un nicho dentro de las ciencias sociales es cada vez más evidente.

–Ah, tú eres de los que estudian inditos, ¿no?–, alguien me dijo alguna vez.
–Eh... no. Bueno, no necesariamente. Verás, con nosotros aplica lo que decía Marc Bloch: donde olemos carne humana, sabemos que está nuestra presa.
–Ah, pero, ¿no dicen que ustedes hacen la historia de los que no tienen historia?– me dijo otro alguien, en otra ocasión.
–Pues… puede ser que sí. Pero no nada más de la humanidad negada por la historia oficial, también podemos hacer etnohistoria de los que están en el poder, de quien sea, pues.
–Bueno, ¿entonces qué los hace especiales, diferentes de los demás científicos sociales?– se estarán preguntando ustedes.

Para empezar, nuestro enfoque holístico, es decir, que no nos basta con explicar las cosas nada más desde la perspectiva de la historia, ni nada más desde la óptica de la antropología. Procuramos, y es nuestro deber, dar explicaciones desde todos los puntos de vista posibles. Algunos incluso hacen uso de otras ciencias, como la geografía, la medicina forense, la economía, la politología, la psicología, las neurociencias, la arqueología, y un largo etcétera.

Y eso no solo es enriquecedor, también es divertido. Verán, como etnohistoriadores tenemos las herramientas para hacer trabajo de campo: entrevistas, etnografía; y también para hacer trabajo de escritorio, de archivo. Y precisamente en los métodos, en las herramientas teórico-prácticas radica la riqueza de nuestra licenciatura.

Por eso les decía hace un momento que no podemos quitarnos nunca el traje de etnohistoriador, de etnohistoriadora. Somos etnohistoriadores cuando vamos a un archivo a empolvarnos y pelearnos contra esporas y bacterias de hace quinientos años en nuestra búsqueda de información. Y también lo somos en las reuniones familiares, en nuestras relaciones laborales y de pareja. Cuando el tío o el abuelo se ponen a platicar de su juventud. Yo mismo cuando le expliqué a mi hijo, a sus cinco años, por qué debía lavarse bien las manos. Es más, ahorita mismo, estoy seguro de que más de uno está analizando esta ceremonia, este ritual de paso. Porque la etnohistoria está en todos lados.

Eso, más o menos, es la etnohistoria. Y ese es el estilo de vida que los aquí presentes hemos decidido llevar. Espero que quienes nos honren con su compañía no se desesperen con nosotros, porque algunas veces preferiremos comprar libros en lugar de ropa. O tendremos que encerrarnos en una biblioteca, en un archivo justo el día del cumpleaños de la tía Fulanita. O quizás tengamos que estar unos meses lejos, haciendo trabajo de campo. Pero pues, de esto se trata este estilo de vida, perdón, nuestra profesión.


* Leída durante la ceremonia de graduación de la generación 2010 de la Licenciatura en Etnohistoria, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, el día 12 de junio de 2014 en el Auditorio Román Piña Chan de la ENAH.

Nota: Este es un trabajo colaborativo, agradezco a Sonia, Itzel, Alfonso, Valeria y Axel por sus comentarios y/o lecturas. Sin embargo, la responsabilidad de lo aquí escrito es mía.
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miércoles, 11 de junio de 2014

Haciendo la buena obra del día

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

El viernes o el lunes pasado, no recuerdo bien, encontré tirada en el suelo del autobús una credencial de una maestra de un kindergarden. Por cierto, el kínder se llama algo así como Jürgen Habermas... no tengo comentarios al respecto.

Decidí devolver la credencial a la escuela, quizá la maestra andaba algo preocupada por el extravío. Pensé inicialmente en enviarla por correo postal, pero la verdad es que luego la gente de Correos de México la caga y pierde las cosas. Y pues vi que el jardín de niños no estaba muuuy retirado de la ruta que uso para llegar del trabajo a la escuela. Así que decidí ir personalmente.

Llamé por teléfono al lugar, la credencial incluía domicilio, teléfono, correo electrónico y página web de la institución. Quien me respondió me dio amablemente las indicaciones para llegar y se mostró muy agradecida cuando le dije que no iba a pedir informes sino a devolver la credencial de la maestra.

Total, que llegué al lugar sin contratiempos. Llamé al timbre y desde una ventana se asomó una mujer. No entiendo para qué se asomó, si sonó el timbre es porque alguien lo había tocado, ¿no? El caso es que bajó y no abrió la puerta, a través de la mirilla me preguntó el motivo de mi llamado.

"¿Aquí trabaja la maestra Fulana de Tal?, vengo a dejarles su credencial", le dije. "Ah, eh... sí, aquí trabaja...", secamente me dijo. "Mire, estaba tirada en el piso del camión", le mostré la credencial a la mujer que seguía con la puerta cerrada.

Solo hasta ese momento decidió abrir la puerta. Y solo hasta que abrió la puerta pude ver que ella traía una bata de esas que usan las maestras de kínder, y que detrás de ella estaba parado un sujeto vestido de civil, como escondiéndose en la aparente mentora.

Le entregué la credencial y me dijo un casi silencioso "gracias", como desconfiando de lo que estaba sucediendo.

Yo, con mi cara de "chale", emprendí el camino a mi escuela.
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martes, 10 de junio de 2014

El 10 de junio de 1971...

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

...el gobierno mexicano, de la mano de un grupo paramilitar conocido como "Los Halcones" reprimió golpeando y asesinando a decenas de jóvenes (las cifras, nunca oficiales, rondan los 120) que se manifestaban en las calles de la capital del país en apoyo a estudiantes regiomontanos.

El presidente en turno, Luis Echeverría Álvarez, que fuera secretario de gobernación cuando el ejército se lució ante el mundo en la Matanza de Tlatelolco, se deslindó de los hechos. A la fecha, no hay responsables, no ha habido justicia.

En 1991, veinte años después del Jueves de Corpus, Gabriel Retes filmó El bulto:



10 de junio
No se olvida
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Los derechos del espectador

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Considero, consideramos*, que existen ciertos derechos básicos del espectador de artes escénicas (teatro, danza, música, y otras), y son los siguientes:
  1. A no presenciar la función.
  2. A presenciar una función bien montada, con sus debidos ensayos.
  3. A que el recinto posea las condiciones necesarias para la función: buena acústica, buena isóptica, buenas instalaciones.
  4. A presenciar un mismo montaje más de una vez.
  5. A salirse de una función en desarrollo.
  6. A no ser distraído durante la función.
  7. A comunicarse con el artista, antes o después de la función.
Y ahora, abordados de uno en uno:

1. A no presenciar una función. Es decir que no tiene la obligación de presenciar todo y que tiene el inalienable derecho a decidir qué sí ver y qué no ver.

2. A presenciar una función bien montada, con sus debidos ensayos. No es justo que usted vaya con toda la disposición a presenciar una buena obra de teatro, una buena danza o un buen concierto y el montaje no esté bien preparado.

3. A que el recinto posea las condiciones necesarias para la función: buena acústica, buena isóptica, buenas instalaciones. Es terrible presenciar un montaje escénico en un espacio donde el audio no se entiende, donde no se escuchan las voces de los artistas, donde no se puede observar adecuadamente o donde las butacas o sillas obligan a que le prestes más atención a la espina dorsal que a la función.

4. A presenciar un mismo montaje más de una vez. Este se explica por sí solo, si le gusta un montaje, mírelo las veces que desee, es su gusto.

5. A salirse de una función en desarrollo. Si no le está gustando la función, no tiene por qué torturarse, no hay nada que le obligue a permanecer en su asiento (y si sí lo hay, qué poca madre de los organizadores). Pocas veces el espectador puede decirle algo al artista, y salirse es una manera de manifestar que con algo no se está de acuerdo.

6. A no ser distraído durante la función. Es odioso que los celulares de otros espectadores causen una distracción, o que el parloteo del(a) vecino(a) no deje poner atención al montaje.

7. A comunicarse con el artista, antes o después de la función. Como dije antes, no siempre puede haber una comunicación con el artista, pero sería ideal que existiera retroalimentación, comunicación entre artista y espectador. Eso ayuda a ambas partes.

***Actualización del 12 de junio de 2014:
Originalmente el derecho número seis decía: "A distraerse de la función", pero luego del pertinente comentario de Ondina, decidí eliminarlo ya que eso atentaría contra los derechos del ejecutante de escena.


* Gracias a R., A. y J. por sus comentarios.
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lunes, 2 de junio de 2014

El funesto día que Facebook me canceló el servicio de chat

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Oh sí, lo recuerdo bien, como si hubiera sido ayer... Bueno, en realidad sí fue ayer. Anoche para ser más precisos.

Resulta que yo muy inocentemente quise enviar un mensaje por el chat de Facebook. El mensaje era un link que dirigía a la página de una extensión para Google Chrome. Este es el link: https://chrome.google.com/webstore/detail/facebook-friend-inviter/fojfflomljfbdfdcfmiihnijjfnnakdn *


Cuando le di enter para que se fuera el mensaje, Facebook me dijo que ese enlace era peligroso y que me iba a suspender el servicio o algo así.

Y lo cumplió, pinche Facebook.

La neta, no sé por qué sería peligroso el link si dirige a la Chome Web Store. En fin, terminé mandando el mensaje por Gmail.

* Se trata de una extensión para Google Chrome que sirve para invitar a todos tus amigos a un evento creado en Facebook.
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