lunes, 25 de enero de 2016

Museo de la Corrupción

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Algún usuario decidió rebautizar la Casa Blanca de Peña Nieto y Rivera como el Museo de la Corrupción en Google Maps:


Y como seguramente esta edición será borrada del mapa, pues mejor hacemos captura de pantalla:


Fuente: Aristegui Noticias
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viernes, 8 de enero de 2016

No me dejabas manejar. Sueño extravagante.

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Kazbam: Ah, por cierto. Pinche Estopa me hiciste emputar. Soñé que alguien te había madreado tu carro. Sí, tu carro. Y me decías que te llevara en el mío a cobrarle. Sí, el mío. Íbamos con otro amigo mío que no conoces y que usa silla de rudas en la vida real. En el sueño también. Ese día la traía, obviamente. Fuimos a un lugar más culero-malvibroso que Tepito o Iztapalapa. Buscábamos al culero que te madreó tu carro, pero no lo hallábamos. Al final llegamos los tres a una especie de vecindad. Entonces mi compa de la silla se mete en una casa culera, fea como la cara de El Zombie. Y le preguntaba a un ruco como de 50 años que estaba en una mesa, que dónde estaba tal cabrón, el que te madreó el carro. En la misma mesa estaba una morra. Era la hija del ruco. Mi compa y tú entraban y yo me quedaba en la puerta. El ruco nos veía feo y decía algo como "¿para qué vergas lo buscan?"

Estopa: ¡A huevo! Mandamos al de silla de ruedas por delante, jijiji.

Kazbam: No, más bien ese wey quiso ir por su cuenta. Entonces, cuando el ruco nos preguntó eso yo sabía que ya habíamos valido verga. Se paró la hija y fue por el teléfono inalámbrico. El ruco llamó. Colgó. Y nos dijo "tienen tres minutos aquí y dos en la calle". Antes de que dijera eso yo ya les hacía señas de "vámonos a la chingada". Mi compa estaba sentado en el suelo. No sé cómo chingados llegó ahí. Veía a la hija del ruco y dijo "bueno, al menos vi a una belleza antes de..." No lo dejé terminar la frase. Los jalé para salir. Cuando salimos de la vecindad fui el primero en cruzar la puerta. Atrás venías con el otro compa. Pero al salir ese wey ya venía caminando, sin silla y débilmente, le temblaban las piernas. Les pregunté qué pedo. Me decías que les habían pedido la silla. "Vale verga", dije. Cargué a mi compa y caminamos como seis cuadras para regresar al carro. Un gordo alto y negro nos seguía. Era el culero que te madreó el carro y traía una fusca. Te dije "no mames ya valimos madres". Te daba las llaves del carro y te decía que corrieras a abrirlo y manejaras.

El Zombie: ¿Y tú? ¿Te sacrificabas?

Kazbam: No, no mames, deja sigo. Entonces tú, Estopa, te adelantabas a prender el carro y el culero seguía atrás de nosotros. Pero no nos apuntaba. Sólo nos seguía. Corrimos en chinga. Me subí al carro después de que senté a mi compa en el asiento de atrás y ese wey todavía me decía que no había pedo, que sus piernas ya le servían mejor.

El Zombie: Históricamente no es buen paro un incapacitado.

Kazbam: Obvio no. El caso es que me subía al asiento del copiloto. El Estopa arrancaba. Pero al llegar a la salida del pinche lugar ese feo había una valla. Y el que la resguardaba era el gordo alto y negro. Pero no lo reconocíamos hasta que salía de su caseta y nos apuntaba a los dos con un par de fuscas. El Estopa aceleró a la híper mega verga y salimos en chinga rompiendo la valla y madreando el carro. El gordo alto y negro nos seguía y mientras nos iba disparando. Pero él corría. Y el carro iba a todo. Y aun así no lo dejábamos atrás.

Estopa: ¿Ya vamos a llegar a donde hice algo mal? Porque hasta aquí parezco un campeón.

El Zombie: ¿El Estopa sabía manejar?

Kazbam: Sí, sí sabía manejar. De hecho era un cabrón. Pero el pedo es que en la huida una bala le pegaba al otro compa. Y valía verga.

Estopa: Tss. ¿Pa' que va?

Kazbam: Y yo todo emputado te decía que dieras vuelta en no sé qué calle. Pero no me hacías caso. Entonces yo jalaba el volante para girar.

El Zombie: ¿A quién se le ocurre llevar a un discapacitado pensando q servirá para los putazos?

Kazbam: Pues no se nos ocurrió. Él quiso ir. El pedo es que, pinche Estopa, te ponías mamón y girabas al otro puto lado.

Estopa: Era un atajo.

Kazbam: Pues en tu pinche atajo estaba el gordo alto y negro. Era un callejón cerrado. Ese culero disparaba y te daba en la frente. Y yo bien emputado te reclamaba, "pinche Estopa pendejo, ¿por qué te pones frente a la bala?" Y te quería quitar del volante para manejar yo y salir de ahí. Pero tú me agarrabas a manotazos y decías "ni madres, yo manejo hasta que lleguemos a mi casa". Y yo te decía "pero no mames, ya te moriste wey, ¿no ves el chorro de sangre que te sale de la frente y los pinches sesos en el asiento?" Y me decías "a chingar a su puta madre el negro, ahorita va a sentir la de Dios es padre". Y el pendejo del asiento de atrás te daba ánimos. Sí, el pendejo que ya estaba muerto.

Estopa: Suena a una frase que yo diría.

Kazbam: Entonces acelerabas bien cabrón y el gordo alto y negro estaba frente a nosotros. Salías quemando llanta. El wey de atrás se prendía y gritaba madres como "a huevo puto negro, para qué nos pinches matas". Y yo estaba bien emputado contigo porque no me dejabas manejar. Entonces el carro iba así bien rápido y bien furioso y te llevabas al gordo alto y negro y no querías frenar aunque ya no había callejón sino un muro. Y justo antes de estrellarnos en el muro me desperté. Bien emputado porque no me dejaste manejar. Pinche Estopa. Puto.

Estopa: Valiendo verga, de todos modos ya estaba muerto.

El Zombie: Pinche estopa envidioso.

Estopa: Perdón, la próxima que me muera pensaré antes que nada en tu seguridad.

Kazbam: No. Mi seguridad no me preocupó.

Estopa: Te preocupó tu coche.

El Zombie: Que mancharas su coche.

Kazbam: Que no me dejabas manejar.
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jueves, 7 de enero de 2016

Agradecido con quienes brindan un café o unas galletas a los familiares de pacientes en las salas de espera de los hospitales

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Por azahares del destino, el 31 de diciembre pasado estuvimos en una sala de espera del servicio de urgencias de un hospital del IMSS al sur de esta Ciudad de México. A decir verdad, no es un hospital feo, ni olvidado de la mano de dios.[1]

Aunque siempre es estresante y un poco deprimente estar en urgencias, afortunadamente no se trató de un asunto grave. Y para nuestra buena fortuna, a las 10 pm ya estábamos en casa preparando la cena para recibir el año entrante.

No sé si haya sido por ser la noche de año nuevo (nochevieja le dicen los gachupines[2]), pero el caso es que vi varias muestras desinteresadas de afecto. En varias ocasiones se presentaron individuos, ciudadanos de a pie, a compartir una bebida caliente o un bocado.

Al menos mientras yo estuve en la sala pasaron: una señora y su hija, clasemedieras trándole a clasemediaalteras, a ofrecer café y galletas; una pareja, clasemediera tirándole a clasemediabajera, a ofrecer tortas; una familia, clasemediera tirándole a clasemediaaltera, a ofrecer café, té, café y pan dulce. Yo ya había cenado, así que el primer café no lo acepté, no me hacía falta, mejor que lo tomaran los demás. La torta sí la acepté porque sentí gacho que casi nadie se acercaba a recibirla, y luego la guardé, lo cual fue bueno porque cuando salió mi paciente tenía harta hambre y la torta le cayó de perlas. Y el segundo café sí lo acepté, porque me estaba quedando bien dormido y eso no está chido en la sala de espera.

En cada una de las ocasiones experimenté una agradable sensación al saber que gente desconocida ofrecía un poco de lo suyo para reconfortar a quienes estábamos pasando la tarde-noche en el hospital. Me imagino que la noche del 24 de diciembre también hubo gestos similares.

Recordé después que a fines de septiembre también estuve en una sala de espera, de otro hospital en la Zona de Hospitales. En aquella ocasión eran religiosas y laicas quienes se acercaban a la gente para ofrecer fruta, galletas y otras cosas que no recuerdo.

Este tipo de actos me hace recobrar la fe en la humanidad. Y, considerando que estábamos saliendo del hospital, lo que implica una situación complicada y por lo regular amarga, me dejan un buen sabor de boca.

En esas ocasiones agradecí a quienes brindaron tal apoyo. Que quede este post como constancia de mi agradecimiento hacia cada una de esas personas. No sólo para aquellas de quienes recibí un café o una torta, sino para todos los que en un momento de su vida han ayudado a los demás sólo porque sí. Gracias. :D

[1] Con minúscula, para que usted elija el nombre del dios en cuestión.
[2] Sin connotaciones despectivas.
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