miércoles, 30 de noviembre de 2016

El Chema

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam


En el taller Viva el Cabaret, Viva la Vida se organizó un espectáculo estilo varieté para ser presentado en las pasadas fiestas patrias de este 2016, y llevó por nombre La patria cabaretera. Tuvimos la oportunidad de presentarlo tres fines de semana en la Casa Frissac y otro más en la explanada del Centro de Tlalpan.
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miércoles, 16 de noviembre de 2016

Me encabronan los padres que despiertan de golpe a los niños en los autobuses y los bajan aún dormidos

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Sí, ya saben que a veces me aviento unos títulos bien chingones para mis posts, y el presente es la onda. Bueno, igual y no, pero es entendible y eso es lo que me importa en este caso.

Y pues eso, me encabronan esos padres. ¿Los han visto? Son padres de familia comunes y corrientes que viajan en los microbuses, autobuses, chimecos, combis, u lo que sea. Van con sus hijas o hijos, y los morros van echando un coyotito, una pestañita, un sueñito, pues. Y así, de la nada, los despiertan, les jalan del brazo, del pelo o de donde se pueda pescar al infante en cuestión y se bajan en chinga del camión. Obviamente los escuincles siguen dormidos y el zangoloteo los hace llorar.

Eso, precisamente, es lo que me encabrona. ¿Qué pinche necesidad de despertar así de ojetemente a los mocosos? ¿Qué no pueden despertar a sus hijas, hijos una o dos calles antes de su bajada? Neta, con eso, con dos cuadras nomás, les dan chance a los morritos de despertar y bajar sin hacerla de emoción ni chillando.

Y todo esto se los digo porque hoy en la mañana vi una escena como la que describo. Iba llegando a la base de camiones en el metro y la doña ni se detuvo a ver si su morrito ya estaba despierto. Nomás lo jaló del brazo y lo arrastró por el camión hasta la bajada. Pobre chamaco, lloraba que daba gusto.

Ah, y por si se lo preguntan, no. Yo no le hago así con mi crío, sí lo despierto unas dos cuadras antes, se despierta y se baja sin hacerla de jamón.
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martes, 15 de noviembre de 2016

Tú siempre tan tú

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Dicen que la gente no cambia de la noche a la mañana, lo mismo debe aplicar para los pueblos, o las ciudades. I y yo salimos unos días de la Ciudad de México a pasear por el Bajío. Para conocer un poco más de las tierras que en tiempos pasados fueran otomíes. Para degustar otros aires y respirar otras comidas. Y, ¿por qué no?, para besuquearnos descaradamente en las explanadas de las iglesias de los estados más mochos del país.

Varias sorpresas nos llevamos. Aunque la más impactante fue ver el triste estado en que se encuentra la casa del Cervantino. Su centro es bonito, pero plagado de guías de turistas que impiden el disfrute despreocupado de los paseantes. La periferia está descuidada, con calles intransitables y zonas a las que el esplendor del centro no tocó ni de casualidad. Según sé, las ciudades patrimonio reciben dinero del Fondo del Patrimonio Mundial, gestionado por la UNESCO. Pues, neta, sin ser malvibroso, no se ve en qué se invierte ese dinero.

Estuvimos también en El Cerrito, una zona arqueológica ubicada en la zona urbana de Querétaro. Vayan, está bellísima. Aunque, sí, está descuidada por el INAH; pero el personal que ahí labora es de lo más entregado a su trabajo y a la difusión de las investigaciones en el sitio.

El Bajío está chido, en serio. Pero había que volver a casa. Y, en esta ocasión, me tocó volver solito. Llegué en la madrugada del domingo a la Terminal Central de Autobuses del Norte, como a eso de la una de la mañana. Han de saber que mi casa está en el sur, así que decidí llamar un Uber, porque las tarifas de los taxis de la terminal son altísimas y, además, le tiene miedo a mi colonia. Dicen que es zona de riesgo.

Estaba dando los últimos datos a la aplicación mientras caminaba hacia la banqueta del Eje Central cuando me percaté de una pequeña riña en la vía. Y cuando digo "pequeña" estoy siendo sarcástico. La verdad es que se trataba de cuatro sujetos, dos contra dos. Armados con palos, cuchillo o navaja y una pistola, o al menos eso parecía. Se estaban lanzando golpes con los palos y con el cuchillo al tiempo que se lanzaban las más bellas flores del lenguaje urbano mexicano. Todo un chou. Me alejé un poco, no fuera siendo que por andar de chismoso saliera embarrado. La pistola solo se usó como amenaza. El pleito se acabó cuando una patrulla se detuvo al lado de los involucrados. Ni pedo. Se nos arruinó el chou.

Qué bonito recibimiento. Ciudad de México, tú no cambias.

Ah, mi Uber llegó un par de minutos después. El camino a casa fue relajado y tranquilo.
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