jueves, 15 de junio de 2017

Hotel Collins (Iztapalapa)

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Mi compa A compartió un artículo de Vice News en el Feisbuc y le eché un ojo... al artículo, no a mi compa. El dicho artículo habla sobre la zona más maciza, riesgosa, tenebrosa y peligrosa de la Ciudad de México, allá en lo más recóndito de la expenínsula de Iztapalapa, o, como dijera el mismo A, el emirato de Al-Iztapalapa (chiste local, I'm sorry).

El artículo es este, por si gustan verlo: Cuando la esperanza llega a 'El Hoyo', el territorio más violento de la Ciudad de México.

La verdad, me ganó la curiosidad y me puse a buscar en el Google Maps, pero no hallé una colonia "La Joya" en Iztapalapa, tal y como dice el artículo. Fue gracias a esta nota de La Jornada referenciada en el sitio de Vice que pude ubicar la zona. Y sí, se ve intrincado el acceso y la salida.

Y resulta que, en ese rato de curiosidad, me percaté de que en la zona existe un hotel. Sí, un hotel, el Hotel Collins.


Cuenta con un diseño arquitectónico y materiales de vanguardia.


Y con el mejor cuerpo de seguridad privada.


Bueno, ya basta de sarcasmo y humor malintencionado. La mera verdad, si es que la zona está tan ruda como dice Vice, mis respetos para el chofer del carro de Google Maps que se aventuró en tan riesgosa geografía con tal de satisfacer las demandas del servicio de Google. Qué huevotes.
Leer más »

miércoles, 7 de junio de 2017

Miniña

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Ésta es Miniña, reposando en mi muslo mientras le
acaricio el cuello. De las pocas veces que se dejó apapachar.
Llegó en 2011 a la casa cuando tenía un año de edad. Sus anteriores humanos se mudaron y no pudieron llevársela, eso fue lo que me dijo el veterinario.

Supongo que el viaje fue complicado para ella, fue en metro desde Buenavista hasta Tasqueña. Ahí me la entregó la compañera de la ENAH que sirvió de contacto; y de ahí nos fuimos en taxi a mi casa, su nuevo hogar. Estaba asustada cuando abrí la puerta de la transportadora, pero no tuvo mayores complicaciones para adaptarse.

Mi hijo, de tres años en aquél entonces, fue quien se encargó de ponerle nombre: Miniña.

Miniña era la onda. Apenas llegando a la casa ahuyentó a los roedores provenientes del terreno semibaldío de al lado. Y los que no quisieron irse, pues los cazó. Ese era el trato, ella mantenía a raya a los roedores y nosotros le ofrecíamos casa, comida y salud a cambio. Nunca faltó al acuerdo.

Miniña era tranquila. No le gustaba llamar la atención de los humanos, mientras la dejáramos estar a gusto en el sillón, no la hacía de pedo. También era un poco rara. Si bien en la sala me ignoraba, cada vez que subía a tender mi ropa a la azotea buscaba que le hiciera caso, que la acariciara. Y si entraba en mi habitación buscaba mi regazo.

Miniña era un poco celosa. Las primeras veces que I se quedó a dormir conmigo, se subía a la cama y la empujaba sutilmente. Lo mismo le pasó a G cuando se quedaba con mi hermano, o al menos eso me contaron.

Ayer murió. Ingirió algún tipo de veneno. O quizás un ratón envenenado. No sé si fue accidental o un acto alevoso por parte de mis vecinos. La halló mi prima, mi sobrina se encargó de avisarnos.

Tristeza, rabia, enojo, coraje, dolor, mucho dolor. Eso y más que no puedo describir es lo que he sentido desde que me enteré de su muerte. Era más que mi gata, era parte de la familia.

Kitty, nuestra otra gata, estuvo ausente durante la tarde. Llegué a pensar lo peor. Afortunadamente en la noche apareció pidiendo comida. Espero que no le pese tanto la ausencia de Miniña.

P.D. Mi mamá me enseñó que no debo desear el mal a nadie, pero si esto fue premeditado y alevoso, deseo que quien lo hizo sufra infinitamente durante su muerte.
Leer más »