miércoles, 7 de junio de 2017

Miniña

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Ésta es Miniña, reposando en mi muslo mientras le
acaricio el cuello. De las pocas veces que se dejó apapachar.
Llegó en 2011 a la casa cuando tenía un año de edad. Sus anteriores humanos se mudaron y no pudieron llevársela, eso fue lo que me dijo el veterinario.

Supongo que el viaje fue complicado para ella, fue en metro desde Buenavista hasta Tasqueña. Ahí me la entregó la compañera de la ENAH que sirvió de contacto; y de ahí nos fuimos en taxi a mi casa, su nuevo hogar. Estaba asustada cuando abrí la puerta de la transportadora, pero no tuvo mayores complicaciones para adaptarse.

Mi hijo, de tres años en aquél entonces, fue quien se encargó de ponerle nombre: Miniña.

Miniña era la onda. Apenas llegando a la casa ahuyentó a los roedores provenientes del terreno semibaldío de al lado. Y los que no quisieron irse, pues los cazó. Ese era el trato, ella mantenía a raya a los roedores y nosotros le ofrecíamos casa, comida y salud a cambio. Nunca faltó al acuerdo.

Miniña era tranquila. No le gustaba llamar la atención de los humanos, mientras la dejáramos estar a gusto en el sillón, no la hacía de pedo. También era un poco rara. Si bien en la sala me ignoraba, cada vez que subía a tender mi ropa a la azotea buscaba que le hiciera caso, que la acariciara. Y si entraba en mi habitación buscaba mi regazo.

Miniña era un poco celosa. Las primeras veces que I se quedó a dormir conmigo, se subía a la cama y la empujaba sutilmente. Lo mismo le pasó a G cuando se quedaba con mi hermano, o al menos eso me contaron.

Ayer murió. Ingirió algún tipo de veneno. O quizás un ratón envenenado. No sé si fue accidental o un acto alevoso por parte de mis vecinos. La halló mi prima, mi sobrina se encargó de avisarnos.

Tristeza, rabia, enojo, coraje, dolor, mucho dolor. Eso y más que no puedo describir es lo que he sentido desde que me enteré de su muerte. Era más que mi gata, era parte de la familia.

Kitty, nuestra otra gata, estuvo ausente durante la tarde. Llegué a pensar lo peor. Afortunadamente en la noche apareció pidiendo comida. Espero que no le pese tanto la ausencia de Miniña.

P.D. Mi mamá me enseñó que no debo desear el mal a nadie, pero si esto fue premeditado y alevoso, deseo que quien lo hizo sufra infinitamente durante su muerte.

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