lunes, 9 de abril de 2012

Ciclismo urbano (2)

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

La semana del 3 de octubre de 2011 empecé a usar la bicicleta como medio de transporte, y lo publiqué harto orgulloso una semana después en este blog. Y vi que era bueno.

Hacía un recorrido desde mi casa hasta mi trabajo, de ahí a mi escuela y de ahí a mi casa. Eran, de ida, unos 12 kilómetros, luego unos 10.5 a la escuela y otros 3 y medio para mi casa.

Todo iba bien hasta que un día decidí recortar mi recorrido y dejar la bici en el estacionamiento del metro. Les cuento qué motivó esa decisión.

Resulta que en uno de esos días, en la ruta del trabajo a la escuela, iba pedaleando por una avenida cerca de la UNAM. Vi cómo la cabina de un tráiler pasaba a mi izquierda, una vez que me rebasó noté que la caja se acercaba peligrosamente a mí. El chofer estaba pegándose a la banqueta mientras el pasajero, al que pude ver por su espejo lateral, sonreía ojetemente. No sé cómo, creo que brinqué con la bicicleta, el caso es que logré subirme a la banqueta.

Para mi mala suerte había una cosa de esas que sostienen los letreros en los ejes viales, una de esas cosas más gruesas que un poste. Frené de golpe y no pude esquivarla. Me fui de lleno contra esa cosa. Creo que fue mejor eso que esperar a que la caja del tráiler me hiciera caca, porque a pesar de que choqué con esa cosa no me lastimé. Luego se acercó un señor de cabello canoso y, al tiempo que me daba la mano, mentábale la madre al trailero.

Total, me levanté, me esperé a que se me pasara el sacón de onda y seguí mi camino a la escuela.

La verdad es que sí, desde esa vez me da cierto temor andar en las avenidas sobre una bicicleta. Así que, para evitarme sustos como ese ahora prefiero usar la bici solo tres días a la semana (al azar) y dejar la bici en la primera estación del metro por la que paso, que me queda a unos 5 kilómetros. De ahí me voy en metro al trabajo. Y de ahí mismo recojo la bici y me voy a la escuela, unos 7 km, y luego a casa, 3.5 km.

El recorrido es menor y lo hago menos días a la semana. Pero me siento más seguro.



Imagen tomada de
http://www.eluniversal.com.mx/
ciudad/108763.html
Pluses:
  • Cuando me da el insomnio, que me pasa al menos una vez al mes, salgo en plena noche en la bicicleta. Eso me relaja y me cansa al mismo tiempo, así que al volver a casa duermo de lujo. Y lo bonito es que en las noches las calles y avenidas están vacías. La última vez me fui hasta San Ángel, por Insurgentes. Son unos 9 kilómetros de ida.
  • Los domingos que me toca presentar títeres con Fabián, allá por Mixcoac, procuro llevar mi bicicleta. Esa idea de que los domingos tu bici viaje en Metro es muy buena.

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