miércoles, 16 de mayo de 2012

Dar una moneda puede ser tan pernicioso como negarla, o tal vez más

Escrito por: Carlos Salvador Basaldua Mendoza, alias Kazbam

Luego de escribir sobre la utilidad social de los mendigos me quedó la espinita de los mendigos del metro.

Como todos sabrán, y los que no pues entérense, todos los comerciantes, músicos, mendigos del metro del DF trabajan coordinados, controlados por una mafia que es casi todopoderosa dentro de las instalaciones de este sistema de transporte.

Ahora bien, imaginemos a un niño mendigo en el metro. Es un niño que trae unos papelitos de colores donde está escrito el porqué anda pidiendo dinero. Como en el metro todos trabajan a la sombra de algún mafioso, es obvio que detrás de este niño, imaginario, hay un adulto explotándolo. Bien puede ser su padre, su madre, o bien puede ser un perfecto extraño, pero de que hay un adulto, lo hay.

Más allá de los tres momentos (lástima, culpa y alivio) que pueda provocar en el viajero la sola presencia de este niño mendigo, imaginario; hay que ver también lo que las acciones del viajero pueden causar en el niño mendigo, imaginario.

Si el viajero le da una moneda, contribuye a que el niño mendigo, imaginario, alcance el éxito en su misión. Puede volver con su adulto explotador, quien verá que es buen negocio mandarlo a pedir dinero y lo seguirá mandando hasta que este niño sea un joven y se largue buscando un modelo de relación social diferente o simplemente tome el lugar del adulto explotador.

Si el viajero no le da una moneda, entonces ayuda a que el niño mendigo, imaginario, no logre su objetivo. Tal vez vuelva con su adulto explotador sin haber alcanzado la suma de dinero necesaria para cubrir el día y obtenga, por consecuencia, una golpiza o alguna otra forma de castigo. Esto podría repetirse hasta que el niño se largue buscando alguna alternativa, o crezca y le parta su madre al adulto explotador. O termine ocupando el lugar de ese adulto.

Rayos, en cualquiera de los dos casos encuentro un final infeliz para el hipotético infante mendicante. ¿Será que soy demasiado fatalista? ¿Será que más bien la fatalista es la realidad en que vivimos? ¿Qué alternativa tienen estos niños, imaginarios? ¿Qué alternativa tenemos los viajeros?

Puta, pinche realidad de mierda.

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